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domingo, 15 de febrero de 2009

“Catastrofismo”

En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Parafraseando a Marx, decimos que los pueblos no pueden regresar a ser niños, a menos que caigan en el infantilismo.

Alejandro Nadal

Si de algo puede estar segura la humanidad, es que frente a la crisis sistémica del capitalismo nadie sabe como enfrentarla. El sistema está enfermo y nadie sabe de qué y que tan grave es la enfermedad. Diagnósticos van y vienen y los presuntos médicos sólo atinan a formular pronósticos que van, desde un simple catarrito hasta una tormenta perfecta. Sin faltar los merolicos que ofreciendo remedios caseros de negro historial, un día niegan la existencia del mal y al siguiente se desdicen, según la audiencia y el lugar. Sin faltar los dimes y diretes entre quienes le apuestan al “catastrofismo” y los que califican a tal estado de ánimo como traición a la patria.

Ante tal incertidumbre, son pocas las voces que cuando menos ofrecen lo que a su alcance tienen a mano, como sería el caso de Barack Obama que contempla al gobierno de su país y a su disponibilidad monetaria, como el último bastión que en el mundo existe para frenar la debacle.

Y si nadie sabe, nadie cree. Imponiéndose la incredulidad como otra faceta más de la crisis global que el planeta está viviendo. Ya nadie confía ni en su vecino más próximo, mucho menos en el gobierno y los banqueros, en tanto crece el clamor popular dejándose escuchar en varios países del orbe, la consigna que en el 2001 se pusiera de moda en Argentina “Que se vayan todos”.

Llama la atención entonces, que en México el Senado de la República realice un foro de notables cuyo propósito es el dilucidar cual debería ser el mejor camino para “crecer” en el marco de la turbulencia recesiva de una crisis cuya profundidad no sólo se desconoce, sino que se insiste en minimizar para no incurrir en “condenable” catastrofismo. Cuando es de todos sabido, y en eso si existe certeza, que históricamente el germen del mal viene de lejos y que el modelo de país adoptado e impuesto a lo largo de los últimos cinco sexenios presidenciales, apenas abonó las raíces de la simulación, engaño, corrupción e impunidad, de una realidad que hoy, sumada a los efectos de la crisis planetaria, padecemos los mexicanos.

De todo lo ahí expuesto, sólo se salva la intervención de la Dra. Denise Dresser, con su retrato hablado del México que todos conocemos pero que todos negamos. “Somos Víctimas de un sistema económico disfuncional, institucionalizado por una clase política que aplaude la aprobación de reformas que no atacan el corazón del problema. Presidentes, secretarios de Estado, diputados, senadores y empresarios que celebran el consenso para no cambiar”. “País de cuates y cómplices”, fue su sentencia. Reiterando lo que con magistral visión nos ofrece Sara Sefchovich, en su libro “País de mentiras”

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“Torrente implacable, duro, amargo, corrosivo y certero de la realidad mexicana”, afirmara Sergio Aguayo Quesada respecto a la crónica dura del México de siempre.

Se dice hasta el cansancio que crisis es oportunidad. Ojalá y el catastrofismo de quienes quieren ver la realidad con otros ojos, lejos de condenarse a priori, sea escuchado y valorado como un grito de alerta digno de ser atendido. México no aguanta más simulación, engaño y gatopardismo. Hagamos de la crisis oportunidad para cambiar.

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lunes, 25 de agosto de 2008

Exorcismo en el PRI

El mismo traje con distinta etiqueta

El surrealismo político mexicano no tiene fin. Bajo el supuesto de que las mayorías populares son menores de edad, se recurre al analfabetismo funcional como fórmula de gobernabilidad. Si para el PRI cambiar de caballo sin cambiar de jinete es sinónimo de cambio, para el pueblo de México es ni más ni menos que la misma gata con un nuevo revuelco.

Soslayar que objetivamente la crisis del sistema de partidos políticos en el país tiene profundas raíces éticas y morales, pretendiendo convencer que otro será el traje con simplemente adosarle a la prenda una nueva etiqueta, o es ingenuidad o el PRI de espaldas a la historia confirma, una vez más, su desprecio a la inteligencia.

Bastaron escasos 25 minutos para en Aguas Calientes adosar la nueva etiqueta. No más el anteponer intereses personales a la unidad del partido. La Revolución Mexicana y sus demonios, fue exorcizada. Beatriz Paredes, teniendo como fondo la celestial música de las porras de Peña Nieto y Herrera Beltrán sentenció: “El PRI es la corriente histórica que puede articular la libertad de mercado con el ejercicio responsable del estado social de derecho y la defensa irrenunciable de la soberanía”. El salinismo vuelve por sus fueros…

Ulises Ruiz y Mario Marín, gobernadores preciosos, validaron la ceremonia. Manuel Bartlett y su grupo crítico, fue acallado. Se planchó previamente el traje y la XX Convención Nacional del PRI, terminó en paseo turístico con cargo al erario público para los 3,900 delegados. Así es el México surrealista de siempre.

Lo que queda en el aire es la interrogante: ¿Qué debe entender la militancia tricolor por socialdemocracia? ¿En que se diferencia de la democracia cristiana del PAN? Más si aún no tiene claro que se debe entender por democracia en el PRI.

De existir una izquierda organizada y congruente, frente al pragmático gatopardismo electorero diría: Ni un voto al PAN, ni un voto al PRI. Desafortunadamente esta no existe. Nuevamente cartucheras al cañón, quepan o no quepan, aunque me mantengo en lo dicho: el bipartidismo en México, sueño guajiro de la reacción.

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