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jueves, 13 de mayo de 2010

Veracruz. Los jóvenes frente a las elecciones

Pulso Crítico

J. Enrique Olivera Arce

Los candidatos a la gubernatura velan armas. Tras el registro y su aceptación por el Instituto Electoral Veracruzano, habrán de iniciar el sábado 15 de mayo sus campañas formales en pos del voto ciudadano, que definirá quién de los tres aspirantes gobernará a la entidad.

El reto es convencer. El objetivo, una mayoría de votantes potenciales ajenos a los partidos políticos y coaliciones en contienda, entre los que destaca un amplio espectro de jóvenes que ya sistemáticamente vienen dando la espalda a la elección de representantes populares. Mismos a los que los candidatos no tienen nada que ofrecer, como hasta ahora ha sido observado en las llamadas eufemísticamente “pre campañas”.

Poca importancia se le dio por parte de los pre candidatos a la información que divulgara Sergio Vera Olvera, Vocal del Registro Federal de Electores en Veracruz, en torno al hecho de que 160 mil jóvenes contarán con mayoría de edad para inicios de julio, y 128 mil no tramitaron su credencial de elector. Hecho que el propio funcionario calificara como grave, en la medida que “demuestra fehacientemente el que los políticos no han despertado ningún tipo de entusiasmo en la juventud que le concite a participar electoralmente”.

Contextualizando lo anterior en el marco del actual proceso electoral, el número de jóvenes que dan la espalda a una elección que debería ser relevante en función de que en ello va de por medio el futuro de Veracruz y sus propias expectativas de realización personal, pone en entredicho el exceso de confianza que la clase política tiene depositada en la juventud. Sin excepción, sin distingo partidista, se parte del supuesto, primero, de que este sector de la población es homogéneo y, segundo, que el pretendido relevo generacional en la vida política de la entidad ha calado hondo en los jóvenes, como lo afirma de manera categórica la corriente priísta de la “Fidelidad” en Veracruz.

Respecto a lo primero, no se puede tasar con tabla rasa a una juventud en principio plural, que no escapa a las condiciones de desigualdad económica, social y cultural que privan en la entidad, por no decir que en todo el país; cada joven en el seno familiar, piensa y actúa según su origen regional y de clase, según le va en la feria a sus padres, hermanos o parientes y amigos cercanos, reafirmándose su particular percepción de la realidad y su entorno cercano, al socializar con otros jóvenes de igual o diferente estatus, en el barrio, la escuela, el taller o en el surco.

Adicionalmente, la diferencia de género establece también proyectos diferenciados de vida para los y las jóvenes; las expectativas de inclusión, movilidad social, mejoría económica, oportunidades de empleo y educación, rol a desempeñar en la familia, no son comunes a ambos sexos. Luego no se puede generalizar metiendo a unos y a otras en el mismo costal.

En cuanto al pretendido relevo generacional en la vida política, para la gran mayoría de los jóvenes es más que entelequia, burda simulación. A nadie escapa que los cargos públicos recaen, salvo honrosas y muy contadas excepciones, en los hijos, entenados, protegidos o amantes de encumbrados políticos y empresarios. Para el pueblo llano, el futuro político de sus jóvenes, si bien les va, como subordinados termina en donde empieza el encumbramiento de la clase dominante.

Lo que la juventud tiene a la vista como paradigma de movilidad política en Veracruz, es la cada vez mayor presencia de oportunistas y vividores que siendo jóvenes piensan como viejos decrépitos, sin mayor motivación que enriquecerse cuanto antes; dignos herederos de la corrupción, impunidad y simulación, refractarios a todo cambio que implique trastocar sus intereses presentes y futuros.

Así que de cuál relevo generacional se estaría hablando, y qué políticas públicas destinadas a la juventud proponen los candidatos que pueda atraer a las nuevas generaciones de votantes. Sin embargo, tampoco podemos incurrir en el mismo error, generalizando. Las excepciones se dan confirmando la regla y un buen número de jóvenes escuchando el canto de las sirenas, ponen su mejor esfuerzo en aplicarse a una asimétrica competencia con la esperanza de que el poder “les salpique”, y puedan fundar sus expectativas de desarrollo personal en el ejercicio de la política y el servicio público. Pero de eso a considerar que nuestros jóvenes, sin más, expresen un especial entusiasmo por participar en un proceso electoral que sienten ajeno e impuesto a sus propias aspiraciones, hay mucho trecho; esto debería considerar todo aquel que en sus letanías proselitistas, pretenda ignorar que la suma de dos más dos no necesariamente arroja como producto un cuatro.

Charlando con un grupo de jóvenes que contemplan en teoría a la participación de la juventud como oportunidad generacional para sanear la vida política, económica y social de Veracruz, impulsando el desarrollo y abatiendo la desigualdad y la pobreza, éstos me compartieron tales reflexiones; justificando el por qué no se sienten atraídos por los llamados a participar en el actual proceso electoral. “Los políticos no tienen nada que ofrecernos, están entregados a los poderes fácticos y no hay ninguna diferencia entre lo que nos propone el PRI, el PAN ó los partidos que se dicen de izquierda”.

¿Y que proponen entonces? Les dije, pues con su manera de pensar y de actuar, les guste o no les guste están participando en la vida política de Veracruz, y habrán de influir para bien o para mal en el resultado electoral. Se asumen como fuerza beligerante pero a su vez no quieren comprometerse como jóvenes con un proceso que demanda la participación de todos. Si rechazan al PRI y al PAN al mismo tiempo que a los partidos de la coalición de centro izquierda, ¿cómo van a expresar este rechazo en las urnas?

“No vamos a votar. Sería hacerle el juego a la mafia en el poder.”, dicen mecánicamente unos, en tanto que otros simplemente se encogen de hombros.
¿Ya pensaron en que la abstención lo mismo que el voto nulo numéricamente benefician al PRI o al PAN, fortaleciéndose la tendencia a un bipartidismo nefasto? Les pregunté.

“Peor sería el voto útil a favor del PAN como lo proponen los chuchos que controlan al PRD en Veracruz”, contestaron en coro.

Cierto es que en el actual proceso electoral no hay mucho de donde escoger, la contienda está polarizada entre los candidatos del PRI y el PAN que representan continuidad y retroceso; marginalmente, como tercera opción se tiene a la coalición de centro izquierda, con todas sus limitaciones, pero al fin una opción válida para intentar dejar atrás el más de lo mismo. De ahí que si bien la actuación de los políticos, tanto en su vida personal como en el quehacer público, no despierta en los jóvenes ningún tipo de entusiasmo e interés en participar electoralmente, las nuevas generaciones de ciudadanos no deberían dejar de considerar que hoy por hoy en nuestra incipiente democracia, sólo hay de dos sopas: o participas o te quedas al margen. No votar, marginándose, o tomar el camino cómodo del voto útil sin mayor reflexión, condena a los jóvenes a seguir siendo ignorados y excluidos.

Bien vale la pena que los jóvenes participen, alcen la voz, exijan, propongan, haciéndose presentes inyectándole nuevos aires a un anquilosado Veracruz postrado en el subdesarrollo. Chance y así los candidatos entiendan que el futuro de la entidad está en manos de esa fresca, abigarrada, incomprendida y rebelde juventud que hoy exige sin encontrar un camino válido, dejar de ser un número más en la aritmética político electoral.

pulsocritico@gmail.com
http://pulsocritico.com

miércoles, 25 de marzo de 2009

El Voto en blanco

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


En algunos países europeos en los que el sistema electoral merece a los ciudadanos mayor grado de confianza y credibilidad, el voto en blanco constituye una opción válida para el electorado, habida cuenta de que con ello se manifiesta el rechazo a los partidos políticos o a candidatos que no responden al bien común. La suma de votos en blanco, para la clase política y para el gobierno, es así un claro mensaje de la tendencia de la opinión pública a tomarse en cuenta en la mayoría de los casos.


El voto en blanco en un sistema electoral como el mexicano, carente de transparencia, confianza y credibilidad, a diferencia de Europa, resulta, al igual que el abstencionismo, contraproducente; favoreciendo, por un lado al fraude electoral y, por otro, a los partidos mayoritarios a los que se pretende castigar. De ahí que la propuesta de diversas corrientes que, a través del internet, llaman a sufragar en blanco en la elección de julio próximo, a mi juicio resulta improcedente. Ni sería tomado en cuenta como mensaje de rechazo ni contribuiría a sanear nuestra incipiente democracia. Tanto el gobierno como la clase política en México, cotidianamente hacen gala de insensibilidad y oídos sordos frente a una opinión pública mayoritariamente insatisfecha.


De los males el menor. A mi juicio lo procedente será sin duda votar por el candidato menos peor de entre la mediocridad que se nos ofrece como oferta electoral. Ejerciendo un derecho al que no podemos ni debemos renunciar, así como cumpliendo con la obligación cívica que emana de la Carta Magna cuya plena vigencia exigimos los ciudadanos. A mayor número de votos válidos menor será la oportunidad del agandalle y el fraude electoral. Y si este último se repite una vez más en contra de la voluntad ciudadana, como sociedad tendremos la calidad moral y política para impugnarlo, privando de legitimidad democrática a los triunfadores espurios y la justificación plena para cuestionarlos.


Lo anterior viene al caso considerando que las tempraneras encuestas nacionales sobre la intención del voto, están ya indicando una clara tendencia del electorado a castigar a los partidos políticos, absteniéndose de sufragar o nulificando el voto; estimándose que el sufragio efectivo no rebasaría el 40 por ciento del padrón electoral, en perjuicio de la legitimidad de la representación democrática en la Cámara Baja del Congreso de la Unión. Esto particularmente grave en tanto daría continuidad a la polarización social y política derivada de la elección del 2006, cunado el país exige la unidad de propósitos frente a la crisis.


La protesta o rechazo sin objetivos claros para avanzar no tiene sentido. Más que por el voto en blanco o la abstención, debe apostarse por la participación razonada y consecuente, generando condiciones para, desde abajo y de manera organizada, exigir a la representación popular cumpla con el cometido para el cual es electa.


pulsocritico@gmail.com

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sábado, 29 de noviembre de 2008

Alfredo Bielma Villanueva: Reacción Ciudadana

29/Noviembre/2008

Que no hay plazo que no se cumpla lo demuestra el finiquito del tramo de cien días durante el cual debieron haberse realizado por parte del sector público algunos de los 75 puntos contenidos en el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad signado en agosto pasado por representantes ciudadanos y autoridades gubernamentales de los órdenes de gobierno federal y estatal. Para evaluar los resultados, parte de la República se reunió este viernes en torno de una mesa en la que estuvieron presente la porción de la ciudadanía que ha levantado la voz, que ha dicho basta hasta el grado de exigir que renuncien los funcionarios que no cumplan o no puedan con el desempeño de su responsabilidad.

Al indignado reclamo de “Si no pueden renuncien” se incorpora el desesperado “Ya pedí, ya supliqué, ya imploré, ya lloré, ahora exijo” que exclamó Nelson Vargas ante los infructuosos esfuerzos para encontrar a su hija secuestrada. La lista de reclamos a la autoridad es extensa y los motivos son variados; es una protesta ciudadana que se está generalizando. Son focos rojos que cualquier autoridad no daltónica debiera saber interpretar y empezar a preocuparse porque los síntomas sociales no auguran nada bueno.

La de este viernes fue una reunión de evaluación y seguimiento en la que la representación ciudadana tuvo una participación de primer orden, no para denostar a la autoridad sino para empujarla a cumplir, para ir acomodando fehacientemente el discurso oficial a las acciones, para que se transite de la retórica a los hechos. De lo informado por las autoridades, en un esfuerzo por dar crédito a su dicho, valdría la pena establecer otro periodo de cien días y otros sucesivos porque al ritmo en que disminuyeron los delitos en estos cien días pronto, muy pronto, se terminaría con el problema de la inseguridad en México. Lo anterior, por supuesto, en la lógica de que lo informado por las autoridades federales y estatales se apegara estrictamente a la realidad.

Vale la pena reflexionar en torno a lo que ahora sucede porque los actos de gobierno han devenido en reactivos ante la airada protesta de una ciudadanía que ya no es tan obsecuente con las autoridades como antaño se acostumbraba. En nuestro país, durante muchísimos años las relaciones del gobierno con las organizaciones del crimen eran de “mírame y no me toques” en una sutil red de complicidades en las que el sector oficial prefería transcurrir sus días cerrando los ojos ante una realidad cada vez más complicada. Como solía acontecer, frente a las insistentes e inobjetables constancias de corrupción en las áreas de procuración e impartición de justicia, ante innumerables denuncias contra los cuerpos de seguridad pública, los incontables crímenes impunes, el sustancial incremento de los secuestros, robos y asaltos a mano armada, para la autoridad nada ocurría, todo estaba en calma.

Pero en México pasó, como sucede con las graves enfermedades del hombre, que todo va bien hasta que los síntomas avisan que una enfermedad se ha esparcido por todo el organismo haciendo estragos en la salud y que es necesaria una cirugía mayor. Tal ha ocurrido con el deterioro que la sociedad mexicana viene padeciendo hace ya muchos años. Tan grave que al presidente Calderón no le quedó más remedio que atacar frontalmente el grave cáncer de la delincuencia organizada.

Ahora, ya en plena confrontación entre gobierno y delincuencia, reiteradamente se escucha decir que el gobierno federal no está capacitado para arrostrar el problema; curiosamente muchas de las criticas provienen principalmente de quienes cuando estuvieron en el gobierno no fueron capaces (por las razones que fueran: complicidades, corrupción temor, etc.), de testerear siquiera con el pétalo de una rosa esa patología social. Con la decisión de enfrentar las fuerzas del Estado contra las del crimen organizado se descubrió el grado de penetración que éste ha logrado en las filas oficialistas, pero cruzado el rubicón es difícil dar marcha atrás.

Principalmente porque la ciudadanía, muy a su pesar, ha sido forzada a participar en esta querella porque infinidad de sus integrantes han sufrido en carne propia las consecuencias del quebrantamiento social que vivimos y han levantado la voz exigiendo a las autoridades que cumplan con su obligación sobre todo porque observan lenidad en la ejecución de sus funciones.

En el ineficiente e inoperante gobierno de Vicente Fox en 2004 la ciudadanía protestó con pañuelos blancos anhelando paz y armonía social, ya lo había hecho diez años antes en el gobierno de Ernesto Zedillo, quien por cierto reformó el artículo 21 constitucional para darle categoría de función de Estado a la Seguridad Pública y no como simple servicio público municipal, como se establecía en el 115 de la propia Constitución. Por esa reforma se creó el Consejo Nacional de Seguridad Pública y colateralmente sus similares en los Estados de la Federación. Con aquella reforma también se fijaron las bases para la participación ciudadana en materia de Seguridad Pública, pero como siempre sucede, el síndrome “de flor de un día” le dio poco impulso o éste fue meramente temporal.

El detonante de la mas reciente reacción ciudadana fue el secuestro del joven Marti, cuyo padre con su dolor a cuestas y holgada posición económica ha logrado convocar nuevamente a la ciudadanía articulando su protesta frente a las autoridades con la de los grupos previamente integrados. Ignoramos qué grado de resistencia tenga la cuerda que mantiene sostenida la tolerancia ciudadana frente a las autoridades a las que ha mandado señales de que la paciencia se acaba y no es para menos.

Pero la actitud de protesta ciudadana se debe no solo a razones de inseguridad pública, también es por un relicario de promesas incumplidas que se han venido acumulando en un contexto social en el que la corrupción en el servicio público ha generado harta desconfianza social hacia las autoridades.

En el caso concreto de Veracruz, para solo citar lo más reciente pero que de ninguna manera es lo único en señalamientos ciudadanos contra “servidores públicos”, lo advertimos con la inmolación de Ramiro Guillen Tapia y lo acabamos de observar con la zarandeada que los diputados dieron en su comparecencia al Secretario de Comunicaciones del gobierno estatal, a quien por cierto el pasado 25 del mes en curso decenas de ciudadanos de Pajapan calificaron públicamente de “mentiroso” por el reiterado incumplimiento de promesas -asentadas en minutas- que no ha atendido aduciendo argumentos baladíes.

Otro caso de reacción ciudadana es el acontecido con la protesta de la Cámara de Comercio en el Puerto de Veracruz en contra de disposiciones sospechosamente corruptas del edil del ramo de protección civil, de antología. Pero el pesimismo es grande, a grado tal que se pudiera asegurar que todo quedará en la suspensión de las irritables medidas que había implementado el regidor quien, aparte de la terrible balconeada pública que ha sufrido, bien merecería ser investigado seriamente por el órgano de control y, en su caso, sometido a la disposición disciplinaria correspondiente. Lamentablemente, este acto que en otras culturas admitiría por lo menos la renuncia, en la relajada cultura nuestra nada ocurrirá.

Alienta sin embargo la reacción ciudadana frente a personeros del sector público que no se comportan a la altura de una sociedad que busca, así sea tímidamente el cambio, sin distingo de colores. Por algo se empieza.


miércoles, 12 de noviembre de 2008

AMLO: Televisa, fábrica de mentiras; debe respetar la libre expresión

Administra Televisa la ignorancia, señala Andrés Manuel López Obrador


Recordó que desde la campaña presidencial de 2006, la elite política y económica de la que forman parte los dueños de la televisora no dudó en ubicarse en su contra “para desatar la guerra sucia y avalar el fraude electoral”.


Sin embargo, continuó, “no venimos a reclamarles por eso”, sino a señalarles que “en buena medida (en Televisa) son responsables del desastre en que está sumido el país. No sólo por la manipulación que ejercen, sino principalmente por lo que callan o dejan de informar”.



Miles de seguidores de Andrés Manuel López Obrador se congregaron frente a las instalaciones de Televisa, en avenida Chapultepec, para exigir ‘‘que se abran espacios informativos al movimiento nacional en defensa del pueblo, del petróleo y de la soberanía’’. Representantes del consorcio respondieron que ‘‘se pondrán en contacto de alguna manera’’ Foto Carlos Ramos Mamahua.

La Jornada 12/11/08