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martes, 7 de julio de 2009

Veracruz. Triunfo de fidelidad, cuestión de enfoques

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Elecciones 2009. Cualquier similitud con la trama y personajes de la película de Cantinflas “Si yo fuera diputado”, es simple coincidencia.

Los resultados de la elección del pasado domingo, de acuerdo a lo registrado por el Programa de Resultados Electorales Parciales (PREP), con el 99.87 % del total de casillas habilitadas en el país, habrán de prestarse a múltiples lecturas en los próximos días que bien podrían ser valiosas lecciones para la clase política.

En términos gruesos, apegados a la legalidad electoral vigente, lo determinante en la elección de diputados federales es el triunfo del PRI sobre el PAN, con 2´970,620 votos de diferencia, a favor del primero. Con ello podríamos darnos por satisfechos. Constituye, en teoría, un freno y acotación significativa desde el Congreso a las pretensiones de la derecha calderonista. Como contrapartida, en el Distrito Federal, centro neurálgico del país y bastión del lopezobradorismo, el PRI ni pintó ni pesó por lo consiguiente en la elección.

Queda la duda de si la derrota del PAN respondió a una estrategia electoral equivoca dictada desde Los Pinos, o esta fue fruto del rechazo y repudio de amplios sectores de la sociedad, como continuidad de la elección del 2006, al gobierno del considerado “espurio” presidente Calderón Hinojosa. De lo único que podemos estar seguros es que no existen visos de que el triunfo priísta se corresponda con una plataforma de propuestas que haciendo suyas los candidatos a diputados federales, respondan a las necesidades y demandas, reales y sentidas, de la sociedad. Así como también podríamos estar seguros de que la izquierda electoral, dividida y perdida en la confusión ideológica y programática, tocó fondo y sin expectativas a la vista de recomposición en el corto plazo.

Entrando un poco más a detalle en la numerología, no basta con los resultados gruesos para que doblen las campanas del triunfo en los partidos punteros. La cuestionada representatividad popular ha quedado exhibida como insuficiente para nuestra incipiente democracia en construcción. El abstencionismo al que se le suma para un primer análisis el voto nulo, ascendió en el territorio nacional a más del 60 por ciento de los ciudadanos legalmente empadronados. Esto es grave y se presta a no pocas interpretaciones que incluso ponen en tela de duda objetivos y eficacia del proceso electoral. Se festina el triunfo legal y se subestima el fracaso, en términos de legitimidad, de la democracia representativa en México.

La elección en Veracruz

En este marco, los resultados electorales en Veracruz se inscriben con la misma tesitura. Confirmándose con el 100% de las casillas computadas, lo que a mi juicio he dado en llamar “triunfo pírrico de la fidelidad”.

De un total de 5 millones 221 mil ciudadanos empadronados, se recibieron en las urnas 2´361, 957 sufragios efectivos – descontando los considerados nulos-, siempre en base al PREP. Lo que equivale al 45.2 % del total del padrón; contra un abstencionismo del orden de 54.77 % que sumado a los votos nulos arroja un 58.78 % en relación al total. Porcentaje aproximado al 60% que se venía manejando a nivel nacional semanas atrás.

A su vez, en 17 Distritos electorales de la entidad el PRI triunfa legalmente con 1´112,296 sufragios, que representan el 47 % del total de votos útiles y el 21.3 % de la totalidad de votantes potencialmente habilitados para sufragar. En tanto que los partidos que se le opusieran sumaron en conjunto 1´249 280 votos, correspondiéndoles el 52.9 % en relación al número de votos útiles y el 23.9 % del total potencial. En términos de correlación de fuerzas la fidelidad en Veracruz queda en desventaja frente a sus oponentes. Entre otras cosas, el PAN no está muerto en la entidad, no olvidemos que hasta el momento de redactar esta nota, gana 4 distritos y suma a su favor más de 800 mil votos.

A la luz de la aritmética, haiga sido como haiga sido y muchos sabemos como fue, el triunfo del PRI en la entidad es contundente e inobjetable hasta el momento del cierre del PREP, y así se registra legalmente con los números provisionales anotados. En términos de representatividad democrática, con apenas el 21.3 % del total del padrón, frente al 23.9 de sus adversarios, el triunfo a mi juicio resulta cuestionable; prácticamente no contribuye en nada a la vida democrática de Veracruz. Además de que pone en duda las aseveraciones que otorgan a la administración priísta de Fidel Herrera Beltrán una cifra cercana al 90 % de aceptación ciudadana.

El nuevo reacomodo de las fuerzas políticas en Veracruz, indican, primero, que el verdadero triunfador de la elección del domingo fue el abstencionismo, al que se le sumara el voto nulo que parece si estar pesando en el resultado final de la elección. Segundo, no todo es rojo en la entidad. Tercero y quizá lo más importante, en el actual proceso electoral para la sociedad salió más caro el caldo que las albóndigas; demasiada pérdida de tiempo y valiosos recursos públicos para elegir 21 diputados federales, que sólo representan a una minoría atrapada por una partidocracia que responde directa o indirectamente a los poderes fácticos.

Un triunfo de la fidelidad veracruzana legalmente soportado pero, a mi juicio, democráticamente irrelevante como expresión política de una sociedad plural.

De ahí que el llamado del gobernador a la conciliación, en previsión a lo que viene en el 2010, debería enfatizarse al interior de nuestra entidad, más que pretender que a nivel nacional el encono generado por la “guerra sucia” pase al archivo muerto.

Lo destacable

La suma de sufragios a favor de Convergencia y PT, resulta insignificante como plataforma de lanzamiento en las aspiraciones futuras de Dante Delgado Rannauro. Su partido en Veracruz no supo o no quiso estar a la altura de una circunstancia coyuntural que pudo haberle sido favorable. ¿Insistirá el senador en su propósito de gobernar a Veracruz?

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viernes, 6 de febrero de 2009

Duarte de Ochoa. Un vistazo al futuro

Pulso crítico


J. Enrique Olivera Arce


Cualquier cosa antes que perder la iniciativa y mucho menos truncar el proyecto que se ha venido construyendo para el 2010. Quizá eso explique el por qué se alista para la contienda electoral en marcha, a una caballada priísta tan flaca arropando al delfín del gobernador. De haberse puesto el interés en mejorar el listado de precandidatos, se correría el riesgo de que Javier Duarte de Ochoa dejara de ser el hombre del momento y, llegada la ocasión, fuera desbancado de la posición de coordinador de la diputación veracruzana en la Cámara Baja del Congreso de la Unión.


Inteligente y previsora la decisión con vistas a la contienda por la gubernatura del estado en el 2010, aún a riesgo de ver disminuida en número más no en calidad a la fracción parlamentaria veracruzana del tricolor. Tan bien se hizo el cálculo, que varios de los que hoy inician su correspondiente pre campaña están señalados para perder. Sin dejar de considerar que la resistencia que pudiera oponer el PAN en la entidad, como principal contrincante a vencer, no está contemplada como determinante para las aspiraciones del el ex titular de la secretaría de finanzas; esta fue previamente “ablandada” desde la cúpula del poder estatal en turno, allanándole el camino al joven político cordobés.


Así, salvo imponderables que suelen presentarse en el quehacer político electoral, todo está fríamente calculado para que la coordinación de la fracción parlamentaria del PRI, sea la plataforma de lanzamiento para que en el 2010, Javier Duarte pueda concretar como candidato a la gubernatura de Veracruz el proyecto de Fidel Herrera Beltrán. Si triunfa o no en las urnas, eso ya será otro cantar y seguramente ya no dependerá exclusivamente de los buenos deseos del gobernador, por lo que deberá brillar con luz propia como legislador federal. Habida cuenta de que llegado el momento de la elección del sucesor de Fidel, la circunstancia política tanto en el ámbito nacional como en la entidad veracruzana, podría darse bajo una correlación distinta de las diversas fuerzas políticas, pues no puede echarse en saco roto que tanto Miguel Ángel Yunes Linares como Dante Delgado Rannauro, ya trabajan con el mismo objetivo de Duarte de Ochoa.


Aceptando sin conceder que como insisten los panageristas del maestro Fidel Herrera Beltrán, a este ya debemos considerarle como el mejor gobernador en la historia de Veracruz, cabe entonces preguntarse que esperamos de un político novel como Duarte de Ochoa; ¿Estará a la altura de los requerimientos postraumáticos de los efectos de la crisis ya considerada “tormenta perfecta” a nivel planetario?, ¿desbancando a su padrino del histórico lugar alcanzado?


Esto sin atender a que al interior del priísmo veracruzano, otros destacados personajes ya se están considerando como opción válida para contender por el institucional en el 2010, como podría ser el caso de Héctor Yunes Landa, cuyo currículo no es nada despreciable. Pues no debemos desechar que en la política, las fidelidades son pasajeras y circunstanciales; cada político profesional cuenta con proyecto de vida propio, estando cada quien en pleno derecho de construir su hoja de ruta, capitalizando en su provecho tiempos, oportunidades y circunstancias.


Todo lo anterior y no podemos hacerlo de lado, se da en el marco de un período temporal en el que la política estará condicionada por la recesión económica, las medidas gubernamentales tendientes a paliar la crisis, y las expectativas futuras de una población que en su mayoría procurará atender más a su supervivencia que a los intereses coyunturales de una clase política de la cual se siente ajena. A diferencia del pasado, el como los políticos enfrenten los efectos nocivos de la crisis, será determinante en la correlación de las fuerzas políticas que posibiliten el éxito del proyecto del maestro Fidel Herrera Beltrán y su delfín. La izquierda, a pesar de sus pesares, podría ser la sorpresa.


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