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jueves, 24 de septiembre de 2009

Izquierda social; tiempo de definiciones

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

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“Como en el debate universal acerca de lo público, la ideología manda y condiciona”.

Adolfo Sánchez Rebolledo

El pasado martes 22 de los corrientes, Julio Hernández López en su ya imprescindible columna “Astillero” en La Jornada, pone sobre el tapete de la discusión un tema que ya es motivo de preocupación y en torno al cual se ha venido construyendo un consenso cada vez más amplio. Bajo el título de “Replanteamientos necesarios” Julio hace referencia a la situación que tiene al país al borde del desastre y la actuación de la izquierda social en México, la que se ha venido expresando a través del Movimiento de Resistencia Pacífica que encabeza Andrés Manuel López Obrador, frente a una realidad que exige definiciones claras y contundentes para enfrentarle.

Ya en alguna ocasión, sobre el mismo tema hice hincapié en que México no va a cambiar a partir de mentadas de madre, chistes de mal gusto, protestas masivas o reiteradas denuncias, a las que la clase política presta oídos sordos. Así también deje asentado que, a mi juicio, la izquierda social debería pasar a la construcción de una sólida organización sustentada en definiciones ideológicas con visión de largo plazo, un programa mínimo para la acción consecuente en la coyuntura, en torno al cual se posibilite la aglutinación y unificación de fuerzas hoy por hoy dispersas, y desde abajo, como ha insistido Andrés Manuel, identificar y formar cuadros comprometidos que al margen de los partidos políticos representen legítimamente los intereses de sus comunidades.

Contemplar si, la participación del Movimiento en los procesos electorales acompañando y apoyando a los partidos que conforman el Frente Amplio Progresista (FAP) y a sus candidatos, cuando éstos así lo requieran, lo justifiquen y ello contribuya al fortalecimiento de la izquierda social, pero sin caer en el juego espurio de las componendas electoreras en que suele incurrir con frecuencia la llamada “izquierda electoral”. Manteniendo independencia, autonomía y libertad de movimiento en atención a los propósitos y objetivos concretos de mediano y largo plazo de la movilización popular. No atender a esta necesidad objetiva, ha dado lugar a que a lo largo de cuatro años la izquierda social le haga el trabajo sucio y desgastante tanto al PRD como al PRI, oponiéndose y denunciando el desastre del (des) gobierno ilegítimo de Calderón Hinojosa y al PAN, para que éstos partidos lo aprovechen en su propio beneficio y, de paso, beneficiando a los poderes fácticos.

Coincido plenamente con lo expuesto por Julio. Andrés Manuel López Obrador debe definir el rumbo del movimiento y definirse a sí mismo. No puede mantenerse indefinidamente un liderazgo social en la izquierda, cuando este se sustenta en torno a un solo hombre que siembra duda y desconfianza en la ambivalencia de una lucha popular de largo aliento y los intereses coyunturales de contiendas electorales. No se puede confiar en quien tiene un pie en el PRD y otro en partidos políticos distintos, con fines electorales, y al mismo tiempo conducir un movimiento de masas independiente. Más que un solo Andrés Manuel, el movimiento requiere de miles de Andrés Manuel surgidos desde abajo, en la comunidad, el barrio, la escuela, la academia, el sindicato, el surco, el taller, que a lo largo y ancho del país, más que denunciar lo obvio, construyan, organicen y promuevan respuestas propositivas ideológicamente consecuentes con la necesidad de cambio.

México se ha situado a la cola de América Latina, marchando a contracorriente de la tendencia general de abandono de las recetas neoliberales y construcción de nuevas alternativas de desarrollo frente a la crisis sistémica global. Dentro de este esquema de involución, la izquierda se ha constituido en simple compañero de viaje de la derecha, actuando bajo las reglas y candados de una ley electoral recesiva que favorece a una clara tendencia al bipartidismo y al pensamiento único y en las que la participación plural y democrática no tiene cabida. Tal postura política no tiene futuro, de persistirse en ella el movimiento nacional de resistencia terminará hundiéndose en las mismas aguas en las que hoy naufraga el calderonismo neoliberal. La definición ideológica y política es exigencia impostergable. Al margen de etiquetas y poses engañosas, la izquierda tiene que definirse por sí misma y para sí misma, ideológica y programaticamente sobre el futuro deseable para este país sin rumbo y sin destino, actuando en consecuencia.

Esperemos que la opinión vertida por Julio, abra paso a un debate serio y responsable en el que como bien señala Adolfo Sánchez Rebolledo, la ideología mande y condicione..

pulsocritico@gmail.com

http://pulsocritico.com

miércoles, 23 de septiembre de 2009

México. Izquierda social a debate

Astillero

Julio Hernández López

Replanteamientos necesarios

Hoy, López Obrador tiene que definir el rumbo del movimiento que encabeza y definirse él mismo. Sería una desgracia que por falta de agilidad, autocrítica y visión general, no hubiera el líder que las circunstancias reclaman para las luchas que de manera natural se darán conforme se agudicen los problemas en México.

Es tiempo de preguntarse si se ha agotado el esquema de movilización y protesta que hasta ahora ha desarrollado Andrés Manuel López Obrador. Mismas acciones frente a mismos problemas están dando los mismos resultados: activismo voluntarioso, protesta pública heroica, consignas y pancartas, fidelidad militante y concentración de programas y expectativas en la figura central del líder pero no aún el giro adecuado para convertir la gran crisis nacional en una alternativa viable de organización política y social que haga converger a múltiples sectores e intereses dañados por el mal gobierno y les permita luchar por algo más que por consignas genéricas o por las siguientes elecciones delegacionales, estatales o federales.

La crisis en curso reclama del único movimiento social activo, el de los seguidores de López Obrador, nuevos enfoques y acciones, que aprovechen y potencien la fuerza personal de su líder pero que al mismo tiempo ofrezcan nuevas formas de participación a los amplios segmentos sociales que se han quedado entrampados entre la propaganda oficialista apabullante que ha difamado al tabasqueño, a la que creen por efecto de la repetición en los púlpitos electrónicos, y la necesidad de una opción fresca e incluyente de lucha, que dé curso a la muy extendida insatisfacción social que hasta este momento no tiene un cauce político amplio y que corre el riesgo de convertirse en decepción deseosa de mano dura o en río desbordado de consecuencias imprevisibles.

Es cierto que López Obrador es el único mexicano capaz de congregar multitudes en torno a un acto público, y que tiene el gran mérito de haber sobrevivido al terrible bombardeo mediático y político que en su contra han desatado los mismos poderes supremos que le arrebataron la Presidencia de la República y que no desean su sobrevivencia pública. Pero eso no es y no puede ser suficiente, porque entonces convertiría la acción política de las masas en una recurrencia placera nostálgica y acotada. Ya el pasado 15 hubo un Grito en el Hemiciclo a Juárez que no significó nada nuevo, con medidas que parecieran más una forma de entretener con algo a los seguidores que un proyecto en forma. Ayer, en San Lázaro, se repitió, con menos éxito, la rutina de la presentación de propuestas a las bancadas legislativas afines para que peleen, en el interior de una maquinaria dominada por el prianismo, por hacer triunfar lo que sabidamente no tiene viabilidad allí, en lo institucional.

El escenario político e institucional ha sido cambiado a grandes pasos y con claros trazos. Calderón ha sido hecho a un lado y sólo le han dejado como instrumento ceremonial, mientras el priísmo, congregado en derredor de la figura mafiosamente patriarcal de Carlos Salinas, está tomando el control de todo lo que políticamente se haga. Los grandes medios de comunicación están apostando abiertamente, no sólo con espots en tiempo de máxima audiencia, por ese retorno del PRI a Los Pinos, y los principales empresarios están inequívocamente dispuestos a impedir, nuevamente, que triunfe una opción de izquierdismo reformista (una especie de buen priísmo) en 2012.

Hoy, López Obrador tiene que definir el rumbo del movimiento que encabeza y definirse él mismo, porque de continuar la lógica de las concentraciones públicas movidas por el interés de sus palabras personales, y de persistir en la obsesión electoral con él mismo como necesario actor estelar, tanto el movimiento como él pueden quedar, irónicamente, en una frecuencia distinta a aquella en la que va entrando el país a causa de las desgracias económicas y la tensión social. Sería una desgracia que por falta de agilidad, autocrítica y visión general, no hubiera el líder que las circunstancias reclaman para las luchas que de manera natural se darán conforme se agudicen los problemas en el país. No se trata, ni remotamente, de arriar banderas, sino de alzarlas más alto y defenderlas con más fuerza e inteligencia. De preguntarse si el acento principal de la lucha colectiva debe seguir siendo la movilización, el mitin y el discurso centrados en una persona y, desde luego, si ese capital político debe ser convertido casi por sistema en botín de oportunistas merced a las transmutaciones electorales fallidas que tanto esfuerzo del líder consumen.

Irónicamente, de no darse el replanteamiento a la alza, incluyente, combativo y no electorero, el tabasqueño y su entorno directivo estarán cediendo el paso a las opciones de izquierda que encajan en el modelo de repartición concertada del pastel que promueve el salinismo. Marcelo Ebrard, bien visto por Elba Esther Gordillo y siempre asesorado por el maestro Camacho, podría convertirse entonces en la pieza inteligente y moderna que sea capaz de inducir una muy lucidora reunificación de las izquierdas. Por el bien de todos, hay que hacer replanteamientos de fondo.

La Jornada. 22 de septiembre de 2009

jueves, 27 de noviembre de 2008

Renunció al PRD Gerardo Fernández Noroña


Gerardo Fernández Noroña, quien renunció este mediodía al igual que María Fernanda Campa Uranga y Horacio Flores Flores a su militancia en el Partido de la Revolución Democrática, aseguró que piensa que el partido va a desaparecer ante la llegada de Jesús Ortega a la dirigencia nacional del sol azteca.

Ver comunicado en: El Sendero de Veracruz

Fernández Noroña declaró a El Universal que no tiene intención de afiliarse a ningún partido ni tampoco invitaciones u ofrecimientos para integrarse a otro órgano político, incluido el Frente Amplio Progresista, que coordina Porfirio Muñoz Ledo.

Nota completa en: El Universal. 27/11/08


jueves, 20 de noviembre de 2008

Recuperar lo que queda del PRD. ¿Vale la pena desgastarse?

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Recuperar lo que queda del PRD. ¿Vale la pena desgastarse?

¿Usted entiende a López Obrador y sus seguidores en el PRD? Yo ya tampoco. Por más que la realidad insistentemente les señala que ya no hay otro camino que el romper con lo que queda de su partido, estos insisten en quedarse para intentar recuperar la estructura desde dentro. Entendemos la terquedad por mantener vivo al Movimiento Nacional de resistencia pacífica, con la que millones de mexicanos estamos de acuerdo, sumándonos cada quién desde su personal trinchera con un granito de arena, pero de ahí a estar de acuerdo en desgastarse pretendiendo nadar de a muertito entre la mierda, hay una enorme diferencia. El objetivo superior es rescatar a México, no a un partido político decadente y moribundo.

De persistir tal insistencia en sanear a lo que ya no tiene remedio, lo que se va a lograr es frustración y desbandada en las filas del Movimiento Nacional de Resistencia Pacífica. ¿Eso es lo que queremos?

pulsocritico@gmail.com

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Diputados federales del PRD retiran apoyo económico a López Obrador

Ciudad de México.- Un grupo de 60 diputados federales del PRD decidió retirar su apoyo económico al ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, por no estar de acuerdo con la forma de hacer política del tabasqueño.

El diputado Antonio Ortega, integrante de la corriente de Nueva Izquierda, indicó que durante más de año y medio hicieron aportaciones voluntarias al líder del Movimiento en Defensa del Petróleo.

Precisó que unos daban siete mil pesos, otros 15 mil, e incluso había quien aportaba 20 mil pesos, pero hace algunos días tomaron la decisión de no seguir financiando el movimiento de López Obrador.

El legislador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) agregó que retirarán sus aportaciones porque "pensamos que debería estar en concordancia con nuestro perfil y visión de cómo hacer política, y como ello no ocurre lo mejor es no sacrificar nuestros ingresos".

Adelantó que no se sumarán al llamado de su correligionario Alejandro Sánchez Camacho, de la corriente Izquierda Unida, quien planteó que cada uno aportara 20 mil pesos al movimiento que encabeza el político tabasqueño.

Asimismo, advirtió que si Alejando Encinas y López Obrador no se suman al apoyo a la nueva dirigencia del PRD terminaran arrinconados y abandonados.

Nota completa en: Milenio. 20/11/2008