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miércoles, 21 de octubre de 2009

PRI y PAN le apuestan al desastre

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Prácticamente al límite de a fecha establecida para la aprobación de la Ley de Egresos, el mayoriteo del PRI y del PAN se hizo sentir en San Lázaro, aprobándose un paquete fiscal para 2010 contrario no solamente a los intereses de la Nación, también a toda lógica dentro del marco de los esfuerzos que para aminorar los efectos de la crisis sistémica global, se vienen aplicando en casi todo el mundo, empezando por los países más desarrollados del orbe.

Sin tocar en lo sustantivo a los grandes consorcios nacionales e internacionales que operan en México y mucho menos al derroche que de recursos públicos hacen gala los tres órdenes de gobierno, al grueso de la población, asalariados y no asalariados, se le somete a un alza de impuestos que no solo van en demérito de la economía familiar, también representan una merma para la micro, pequeña y mediana empresa y un duro golpe al necesario fortalecimiento del mercado interno. Exactamente en sentido contrario a lo que recomienda el sentido común en un país al borde del desastre, cuya principal limitante para el crecimiento económico y justicia distributiva es el cargar con más del cincuenta por ciento de la población en condiciones de pobreza y pobreza extrema.

Lo que llama más la atención del proceso de negociación y aprobación del paquete fiscal para el 2010, es el descaro de una clase política insensible, cortoplacista y carente de visión de Estado y su apego a un surrealismo decimonónico que sustentado en la corrupción y la simulación, contempla el mundo al revés. La democracia representativa en México se descara como un ente abstracto en la forma y vacío en su contenido como en los tiempos del porfiriato. Senadores y diputados no responden a los electores a quienes se deben, actuando por consigna a las órdenes del titular del poder ejecutivo federal y los gobernadores.

De ahí que no queda la menor duda de que la partidocracia, controlada por el PRI y el PAN, cogobierna con estos, siendo tal su descaro que ponen en la mesa de negociación su respectivo capital político electoral antes que el interés de la mayoría de la población. Ratificando con ello que en lo sustantivo no existe diferencia ideológica o programática alguna entre los dos partidos que tienen mayoría en el Congreso de la Unión, sirviendo por igual al poder fáctico. Sus diferencias se reducen pragmáticamente al reparto coyuntural del poder formal y lo que ello representa en términos de canonjías, prebendas, y oportunidades de enriquecimiento para las cúpulas partidistas.

Los partidos minoritarios, actuando como satélites del PRI y el PAN, simulando ser oposición, son parte de un juego perverso que les permite disfrutar de las migajas, tantas como su escasa capacidad de maniobra y manipulación lo permiten. La actitud asumida por Jesús Ortega descalificando a los diputados perredistas que por la libre se manifestaran en contra del alza de impuestos, es tan sólo un pálido reflejo del clima de componendas en la partidocracia.

En este panorama, en los hechos el acceso a una auténtica democracia representativa en el país está vedado para el pueblo de México. Obligado a pagar los costos reales de la simulación contribuyendo, como en la época feudal, con la creación de la riqueza y el tributo a los poderosos; viviendo en la incertidumbre de un presente engañoso y un mañana mejor que nunca llega, sustentando su supervivencia en una falsa esperanza que le es construida ideológicamente a través de los medios de comunicación de masas.

¿Quién pagará electoralmente los platos rotos? En torno a esta interrogante gira la preocupación de la partidocracia. Para las mayorías de la población, no hay ni partidos vencedores ni vencidos. Tan responsable es el PRI y el PAN como sus satélites en la aprobación de esta nueva agresión tributaria. El gran perdedor, como siempre es el pueblo de México y así lo hará sentir en las urnas bien sea por el camino del abstencionismo o del voto nulo.

En los prolegómenos de la elección del 2010 en Veracruz, más de un diputado federal y específicamente aquel que aspira a gobernar a la entidad, tendrán que tragarse sus palabras y falsas promesas. El PRI no actuó conforme a su dicho defendiendo el interés de las mayorías. Antes al contrario, las traicionó “hincándoles el diente” negociando con el PAN mayores recursos para los gobernadores a cambio de aprobar la nueva alza de impuestos.

pulsocritico@gmail.com

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martes, 10 de marzo de 2009

Mi voto no será para el PRIAN

Pulso crítico


J. Enrique Olivera Arce


En el marco de la crisis del sistema de partidos políticos en México, el grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados denunció que por parte del PAN existe una guerra sucia que enmugra la política. Vaya novedad, como si la clase política en su conjunto no hiciera lo indecible por hacer de la vida política del país un auténtico cochinero. No por nada, conforme pasan los días se profundiza el abismo que separa a los partidos políticos del grueso de la población.



Más que acusarse mutuamente de enmugrar la política, tanto el PRI como el PAN deberían preguntarse que hacen para limpiar al país del mugrero en que lo han convertido, frente a un electorado harto de corrupción, impunidad, procesos electorales fraudulentos, simulación y gatopardismo. Si en algún momento la ciudadanía confió en la alternancia como vía para abrir cauces de mayor amplitud a la vida en democracia, los partidos políticos se han encargado de cancelar tal esperanza. El PAN con el poder formal transformado en caricatura, no sólo adoptó lo peor de la herencia histórica del priísmo, superó al partido tricolor al grado de que, hoy día, tan no existe diferencia entre ambos institutos políticos que el pueblo ya les identifica como “PRIAN”. Al icono de tal engendro se le conoce como Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.



El resto de los partidos políticos con registro vigente, se encuentran en la misma tesitura. La herencia acumulada a lo largo de varias décadas de un sistema político corrupto y autoritario, con diferentes matices, permea en todos por igual. La crisis del sistema de partidos va de la mano del creciente deterioro de un Estado que no hace esfuerzo alguno por limpiar tanto en lo externo como en el ámbito doméstico, su imagen de “fallido”.



La credibilidad en la vigencia del estado de derecho, en la legitimidad de las instituciones republicanas, y en la clase política en su conjunto, lastimosamente ya no existe. La partidocracia y su cauda de corrupción y oportunismo, vinculada a los poderes fácticos que dimanan del poder del dinero, mantiene secuestrado al pueblo de México; la democracia, como forma de vida en sociedad, quedó entrampada entre las telarañas iconográficas de los grandes mitos nacionales.



Bombardeada por millones de spots, triviales propuestas de los candidatos, y obscenas cantidades de limosnas asistencialistas, la ciudadanía habrá de decidir por quien votar en los comicios de julio próximo. Ejercicio inútil que desde ya apunta al triunfo del abstencionismo. Por lo que a mi respecta, conciente de que a menor número de electores mayor será el agandalle del PRIAN, responsablemente concurriré a sufragar pero eso sí, tengo la seguridad plena de que mi voto no será a favor del PRI o del PAN. No es mi voluntad participar a favor del cochinero.



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