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viernes, 20 de noviembre de 2009

Nada que celebrar, en espera del milagro que nunca llega

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Magistralmente Eduardo López Betancourt, Presidente de la Barra Nacional de Abogados, diagnosticó el estado que guarda el país, complementando a Cuauhtemoc Cárdenas quien afirmara que México no tiene nada que celebrar con motivo del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana (Proceso ).

López Betancourt censurando a magistrados jueces, políticos y legisladores afirmó:

"Como nunca, los principios jurídicos son pisoteados. Los encargados de hacer cumplir la ley actúan a espaldas de la sociedad, se confabulan para el engaño y descarado reparto del botín. Mantenemos un Congreso constituido por pícaros vividores, que no sólo practican el nepotismo más abyecto, sino que son verdaderos engendros de Lémures, en busca del más evidente daño a la comunidad", agregando que “..."mientras el pueblo se ahoga en la desesperación, el desempleo y la miseria, los legisladores inventan, crean e imponen alcabalas sin ápice de responsabilidad. Se dividen la jugosa carnada presupuestal, en base exclusivamente a sus bastardos y despreciables intereses"".

Cruda opinión que muchos mexicanos sin distingo partidista o posición social compartimos. La clase política en su conjunto y salvo honrosas excepciones, se hace merecedora a ella. Pero lo más llama la atención es que con toda desverguenza le preste oídos sordos, persistiendo en la simulación, el gatopardismo, corrupción e impunidad, compañeros inseparables de viaje en la cotidianeidad del quehacer político y el servicio público como segunda piel.

Lo más sorprendente es que la ciudadanía, en su gran mayoría, acepte tal abyección sin parar mientes, como si en cada proceso electoral en el momento de depositar el sufragio guardara la esperanza de ver florecer un jardín entre impúdico y pedestre detritus. Fe, esperanza, y caridad cristiana para con la clase política, sustentadas en el río permanente de demagogia, a la que se le corresponde con indiferencia, sumisión, y agradecimiento por el yugo impuesto. Dejar hacer, dejar pasar, mientras el país se hunde arrastrando a todos por igual.

La aprobación por el Congreso de la Unión de los presupuestos de ingresos y egresos de la federación y, en nuestra isla de la fantasía, el triunfalismo sin sustento del V Informe de Gobierno de Fidel Herrera Beltrán y la criminalización del aborto que desmiente forma y contenido del discurso conciliador del gobernante, que no merecieran de la ciudadanía la más mínima atención son el vivo ejemplo; no obstante el retroceso que ello significa para la vida económica y social de la Nación y, en lo que a los veracruzanos toca, de la entidad.

“Cuidaremos cada peso del presupuesto”, afirma calderón Hinojosa. “Veracruz ya está en las ligas mayores del petróleo”; “Vamos bien y falta lo mejor”, certeza sin sustento del titular del poder ejecutivo federal y del correspondiente de la entidad, que no puede sino inscribirse en las afirmaciones del abogado López Betancourt. Medias verdades y medias mentiras en las que México es simplemente el botín a repartir.

¿Qué sigue? Se preguntan destacados politólogos, analistas e intelectuales que perciben un salto atrás de corte fascista para el país. Seguramente lo que a continuación sigue no tiene cabida en la agenda de la clase gobernante, no le interesa ni le quita el sueño, como tampoco le quita el sueño a la mayoría de una ciudadanía que, en su desventura, confía aún en el milagro que nunca llega.

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lunes, 15 de junio de 2009

¿Se justifica el voto nulo?

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El debate va. Las opciones de votar o no votar, inclinarse por el voto válido o por el voto nulo, a 20 días de la elección están en el ánimo de amplios sectores de la población.

En términos de racionalidad, siendo la democracia representativa en México asignatura pendiente por construir, el hacer valer lo dispuesto en la Constitución General de la República, que otorga a todo ciudadano el derecho a votar y ser votado, asumiéndose el pueblo como mandante, da lugar a que todas las opciones electorales sean respetables y legítimas, incluyendo el llamado voto en blanco o voto nulo. No obstante, la sola idea de castigar a la clase política impugnando de facto a un proceso electoral contrario a los intereses de las mayorías sin que tal determinación se haga acompañar por acciones organizadas de movilización social, no parece tener justificación alguna. No beneficia en nada a la ciudadanía ni tiene consecuencias legales, éticas o políticas para aquellos a los que se pretende castigar.

Una elección se gana, así sea por un voto, con la suma aritmética de sufragios válidos a favor de un partido o candidato, lo mismo si votan millones que si la participación en las urnas se reduce a unos cuantos miles. Lo demás, simple apunte para el anecdotario, o tema para tres años de denuncias y protestas que ni le van ni le vienen a la clase gobernante.

Sin embargo, “haiga sido como haiga sido” el origen de la campaña a favor del voto nulo, lo que no se puede perder de vista es que para el imaginario popular tiene un carácter simbólico que va más allá del marco legal, rebasando incluso el que tanto tenga de grosor y sensibilidad el carapacho que recubre el cinismo de la clase política. El descontento ciudadano ha ido en aumento, generalizándose, justificando la indignación y la búsqueda de instrumentos o vías alternativas por las cuales manifestar o canalizar el rechazo al actual estado de cosas. Y que mejor que en la coyuntura, darle la espalda a los partidos políticos negándoles el voto, aún a sabiendas de que con ello no cambia nada.

Si bien no estoy de acuerdo en lo personal con la aplicación de voto nulo como castigo al sistema político que prevalece en México, no puedo dejar de considerar que, frente al cómodo abstencionismo, el asistir a las urnas y votar, así sea de balde, constituye un paso progresista en el largo trecho por recorrer en la tarea de dignificación de la política y rescate de la democracia representativa. No porque los políticos escuchen y atiendan a la necesidad de cambio, ellos están en contra, sino visto como un aún tímido primer avance en la toma de consciencia nacional de la necesidad de avanzar en la tarea pendiente de construir desde abajo la organización popular y democrática de que hoy se carece; un partido político unitario capaz de oponerse a la tendencia fascista que hoy desde las altas esferas del poder real se impulsa en México con el contubernio del PAN y el PRI como soporte.

Bajo esta óptica, el voto nulo se entiende y justifica. Calderón Hinojosa se equivoca si cree que el pueblo de México está de acuerdo con su teoría de desideologización del quehacer público y las tareas del desarrollo económico y social, con la que pretende justificar la profundización de los procesos de privatización de la industria energética y alimentaria, de los servicios de educación y salud, así como la imposición de la flexibilización laboral y el congelamiento de los salarios. El voto nulo, en la coyuntura, le demostrará lo contrario.

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lunes, 8 de junio de 2009

León Bendesky: El voto

El debate sobre las formas de emitir el voto en las elecciones del próximo 5 de julio ha tenido más contenido y significado que las propuestas de los partidos y de sus candidatos. Éste es ya un aspecto muy relevante del estado en el que está el sistema político y el mismo proceso electoral en el país.


Hay que distinguir entre tres manifestaciones ciudadanas ante estas elecciones, así como el origen y la manera en que se promueven o argumentan. Una es abstenerse de votar. Ésta es siempre una posibilidad, sobre todo cuando no se reconocen opciones políticas convincentes, o bien cuando no se espera que votar represente un modo efectivo de reorientar las acciones de gobierno en sus tres niveles o el trabajo legislativo.


La abstención se tacha las más de las veces como una forma de desinterés y falta de participación en los asuntos de naturaleza social que se expresan en la emisión de un voto. Nadie está obligado a participar según los criterios convencionales que se dan a ese término. Y hay que reconocer que no asistir a las urnas es una forma de expresión de un estado político del individuo dentro de una colectividad y en un momento histórico determinado.


Otra forma de ejercer el voto es anularlo, es decir, no seguir las pautas establecidas en la ley para que sea efectivo. Y, la última, es votar por un candidato no registrado en las listas de las boletas correspondientes a cada caso de elección.


El Cofipe (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) consigna en primer lugar que: Votar en las elecciones constituye un derecho y una obligación que se ejerce para integrar órganos del Estado de elección popular; además: El voto es universal, libre, secreto, directo, personal e intransferible.


Con respecto al escrutinio y cómputo de los votos en las casillas señala que un voto se anulará cuando sea: aquel expresado por un elector en una boleta que depositó en la urna, pero que no marcó un solo cuadro en el que se contenga el emblema de un partido político, el de una coalición o el de los emblemas de los partidos coaligados.


También se puede votar legalmente por un candidato no registrado en las boletas y los escrutadores deberán hacer el acta correspondiente. A la letra la ley dice: Los votos emitidos a favor de candidatos no registrados se asentarán en el acta por separado.


Así que si bien son tres formas de actuar políticamente, y de las cuales deben sacarse las conclusiones pertinentes, cada una indica comportamientos distintos de un derecho ciudadano. Si no se acude a las urnas queda un registro en la forma de un residuo. Si se anula el voto, se deja constancia de que se ejerció el derecho, pero que se rechazan las opciones presentadas y en realidad queda sin efecto según la ley.

La tercera alternativa podría tener efectos más interesantes, pues en una acción concertada se podría expresar una ambición política, que debe consignarse oficialmente, aunque no tuviera efecto puesto que toda la ley electoral está solamente hecha para los partidos y otras organizaciones políticas constituidas.


La organización de un voto concentrado por algún candidato independiente tendría un efecto político significativo. Pero hay que admitir cuando menos dos cosas: una es que no hay un personaje identificable cuya estatura política aglutinara esta posibilidad. La otra es que la forma de hacer política en el marco de las instituciones y reglas prevalecientes está ya agotada y no atrae la atención de la mayoría de los electores. En este entorno se puede pescar en río revuelto y sacar ventajas de la situación, tanto desde la derecha como desde la izquierda.


Así las cosas, las declaraciones del senador panista Santiago Creel son esencialmente vacuas, pues considera que el voto en blanco o la abstención significan autoexcluirse del sistema democrático. No, señor, estas actitudes son una forma de rechazo a las condiciones reales en que se expresa esa democracia que él defiende. No se trata de regatear lo que se ha conseguido y no como regalo de ningún político, sino de admitir sus enormes limitaciones.


Igual ocurre con lo dicho por Arturo Núñez, del PRD, quien sostiene que provoca suspicacia la promoción del rechazo de la ciudadanía y de la sociedad a la clase política en lo que llama un discurso antipolítica y antipartido y que puede ser, según él, muy peligroso. Siempre hay oportunistas que generan suspicacia vengan de cualquier parte del abanico político. Pero no subestimen a la gente, que también piensa con claridad y de manera propia, no es sólo una masa informe manipulada por la radio y la televisión.


El formalismo del voto debe contraponerse con su efectividad como modo de expresión de los deseos y necesidades de los ciudadanos. Hoy, la ciudadanía no sólo está marginada del proceso, sino que es rehén de los partidos y del IFE. El 5 de julio muchos ciudadanos habrán de ejercer su voto tan sólo como una segunda mejor solución y ésa es una manera en que se advierte el conflicto político y social que reina sobre México de modo cada vez más evidente.


Leonardo Sciascia lo dijo claramente en su novela El Consejo de Egipto: “Las ideas aparecen cuando las rentas desaparecen…”

Tomado de: La Jornada 08/06/09

viernes, 24 de abril de 2009

Sublime obsesión

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce


No hay oficio político, memoria histórica, ni sensibilidad social en amplios segmentos de la clase política. Empezando con Calderón Hinojosa, se desentienden de los problemas torales de la Nación, concentrando ocupación y preocupación en los procesos electorales del 2009 y la sucesión presidencial del 2012. Mientras el país se desmorona, inmerso en la improvisación, ineficacia, corrupción e impunidad, nuestros políticos prestan oídos sordos a lo que de ellos piensa la llamada sociedad civil, que ya ha puesto a debate la idea, que cobra cada día mayor fuerza, de castigarles con el abstencionismo y el voto nulo.



Si para Calderón Hinojosa y su partido la elección del 2009 es vital y en ello concentran su mayor esfuerzo, en sus adversarios políticos prevalece igual tesitura. Todos contra todos en un escenario generalizado de “guerra sucia” (diseñada desde las entrañas del Partido Popular de España) que, lejos de atraer a los votantes potenciales, les vacuna contra la sola idea de participar en la contienda electoral en puerta; para el ciudadano común ya no escapa a su comprensión que el sufragio tiene como finalidad última, el legitimar el gatopardismo y la simulación de una partidocracia que, soportada en una nada gratuita parafernalia mediática, día con día se descalifica a sí misma.



En tanto que para una gran mayoría del pueblo de México, la versión del gobierno fallido cala en la realidad cotidiana, para la clase política y el poder fáctico que mueve la cuna, el país bien puede hundirse a condición de que sus intereses queden a salvo. La Nación va a la deriva y, pese a respetables advertencias que llaman a corregir el rumbo, nuestros políticos festinan con triunfalismos sin sustento el desastre anunciado.



Si en el pasado el guardar las formas satisfacía el ocultar el fondo comprometedor, hoy, con el mayor descaro, el fondo de inconfesables y oscuros intereses se exhibe con cinismo inaudito. Se le toque donde se le toque, la purulencia de una clase política enferma salta a la vista, sin que en esta medie el menor esfuerzo por reconocer y aceptar la profundidad de su crisis. Siendo, por tanto, creíble la tesis norteamericana del México fallido y, en consecuencia, la necesidad estratégica del vecino del norte de intervenir en el patio trasero para salvaguardar su propio interés. No resultando ocioso el que el gobierno de Barack Obama le imponga a México un embajador experto en tales menesteres.



El tiempo se agota. La crisis sistémica global impacta en todos los sectores y todas las regiones de un país estructuralmente indefenso. El Estado-Nación se venció a sí mismo transitando bajo los cánones del neoliberalismo salvaje, sin atender rezagos y demandas históricas; dilapidando valiosos recursos estratégicos y abriendo cauce a la violencia y al deterioro del tejido social. Hoy, sin que la partidocracia se de por enterada, con más del 40 por ciento de la población en condiciones de pobreza y pobreza extrema, desempleo en ascenso y caída del aparato productivo, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la CEPAL prenden focos rojos para México.



Nadie escucha. El país puede esperar. Frente al lastre de la sublime obsesión electorera de una clase política que medra contemplándose el ombligo, en solitario Andrés Manuel López Obrador tiende la mano a los mineros de Cananea.



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martes, 10 de marzo de 2009

Mi voto no será para el PRIAN

Pulso crítico


J. Enrique Olivera Arce


En el marco de la crisis del sistema de partidos políticos en México, el grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados denunció que por parte del PAN existe una guerra sucia que enmugra la política. Vaya novedad, como si la clase política en su conjunto no hiciera lo indecible por hacer de la vida política del país un auténtico cochinero. No por nada, conforme pasan los días se profundiza el abismo que separa a los partidos políticos del grueso de la población.



Más que acusarse mutuamente de enmugrar la política, tanto el PRI como el PAN deberían preguntarse que hacen para limpiar al país del mugrero en que lo han convertido, frente a un electorado harto de corrupción, impunidad, procesos electorales fraudulentos, simulación y gatopardismo. Si en algún momento la ciudadanía confió en la alternancia como vía para abrir cauces de mayor amplitud a la vida en democracia, los partidos políticos se han encargado de cancelar tal esperanza. El PAN con el poder formal transformado en caricatura, no sólo adoptó lo peor de la herencia histórica del priísmo, superó al partido tricolor al grado de que, hoy día, tan no existe diferencia entre ambos institutos políticos que el pueblo ya les identifica como “PRIAN”. Al icono de tal engendro se le conoce como Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.



El resto de los partidos políticos con registro vigente, se encuentran en la misma tesitura. La herencia acumulada a lo largo de varias décadas de un sistema político corrupto y autoritario, con diferentes matices, permea en todos por igual. La crisis del sistema de partidos va de la mano del creciente deterioro de un Estado que no hace esfuerzo alguno por limpiar tanto en lo externo como en el ámbito doméstico, su imagen de “fallido”.



La credibilidad en la vigencia del estado de derecho, en la legitimidad de las instituciones republicanas, y en la clase política en su conjunto, lastimosamente ya no existe. La partidocracia y su cauda de corrupción y oportunismo, vinculada a los poderes fácticos que dimanan del poder del dinero, mantiene secuestrado al pueblo de México; la democracia, como forma de vida en sociedad, quedó entrampada entre las telarañas iconográficas de los grandes mitos nacionales.



Bombardeada por millones de spots, triviales propuestas de los candidatos, y obscenas cantidades de limosnas asistencialistas, la ciudadanía habrá de decidir por quien votar en los comicios de julio próximo. Ejercicio inútil que desde ya apunta al triunfo del abstencionismo. Por lo que a mi respecta, conciente de que a menor número de electores mayor será el agandalle del PRIAN, responsablemente concurriré a sufragar pero eso sí, tengo la seguridad plena de que mi voto no será a favor del PRI o del PAN. No es mi voluntad participar a favor del cochinero.



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domingo, 15 de febrero de 2009

“Catastrofismo”

En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Parafraseando a Marx, decimos que los pueblos no pueden regresar a ser niños, a menos que caigan en el infantilismo.

Alejandro Nadal

Si de algo puede estar segura la humanidad, es que frente a la crisis sistémica del capitalismo nadie sabe como enfrentarla. El sistema está enfermo y nadie sabe de qué y que tan grave es la enfermedad. Diagnósticos van y vienen y los presuntos médicos sólo atinan a formular pronósticos que van, desde un simple catarrito hasta una tormenta perfecta. Sin faltar los merolicos que ofreciendo remedios caseros de negro historial, un día niegan la existencia del mal y al siguiente se desdicen, según la audiencia y el lugar. Sin faltar los dimes y diretes entre quienes le apuestan al “catastrofismo” y los que califican a tal estado de ánimo como traición a la patria.

Ante tal incertidumbre, son pocas las voces que cuando menos ofrecen lo que a su alcance tienen a mano, como sería el caso de Barack Obama que contempla al gobierno de su país y a su disponibilidad monetaria, como el último bastión que en el mundo existe para frenar la debacle.

Y si nadie sabe, nadie cree. Imponiéndose la incredulidad como otra faceta más de la crisis global que el planeta está viviendo. Ya nadie confía ni en su vecino más próximo, mucho menos en el gobierno y los banqueros, en tanto crece el clamor popular dejándose escuchar en varios países del orbe, la consigna que en el 2001 se pusiera de moda en Argentina “Que se vayan todos”.

Llama la atención entonces, que en México el Senado de la República realice un foro de notables cuyo propósito es el dilucidar cual debería ser el mejor camino para “crecer” en el marco de la turbulencia recesiva de una crisis cuya profundidad no sólo se desconoce, sino que se insiste en minimizar para no incurrir en “condenable” catastrofismo. Cuando es de todos sabido, y en eso si existe certeza, que históricamente el germen del mal viene de lejos y que el modelo de país adoptado e impuesto a lo largo de los últimos cinco sexenios presidenciales, apenas abonó las raíces de la simulación, engaño, corrupción e impunidad, de una realidad que hoy, sumada a los efectos de la crisis planetaria, padecemos los mexicanos.

De todo lo ahí expuesto, sólo se salva la intervención de la Dra. Denise Dresser, con su retrato hablado del México que todos conocemos pero que todos negamos. “Somos Víctimas de un sistema económico disfuncional, institucionalizado por una clase política que aplaude la aprobación de reformas que no atacan el corazón del problema. Presidentes, secretarios de Estado, diputados, senadores y empresarios que celebran el consenso para no cambiar”. “País de cuates y cómplices”, fue su sentencia. Reiterando lo que con magistral visión nos ofrece Sara Sefchovich, en su libro “País de mentiras”

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“Torrente implacable, duro, amargo, corrosivo y certero de la realidad mexicana”, afirmara Sergio Aguayo Quesada respecto a la crónica dura del México de siempre.

Se dice hasta el cansancio que crisis es oportunidad. Ojalá y el catastrofismo de quienes quieren ver la realidad con otros ojos, lejos de condenarse a priori, sea escuchado y valorado como un grito de alerta digno de ser atendido. México no aguanta más simulación, engaño y gatopardismo. Hagamos de la crisis oportunidad para cambiar.

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lunes, 9 de febrero de 2009

La crisis, vista a lomo de caballo

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce



Para la clase política no hay indicios de que el mundo haya cambiado. Montada en el corcel de siempre lo mismo, cabalga una vez más a contracorriente del necesario y urgente cambio de rumbo que el país demanda. La farsa de las precampañas financiadas con recursos públicos de quienes, sin distingo partidista, aspiran a una curul en San Lázaro, es el rasero con el que hay que medir la mediocridad, ausencia de visión de Estado, y carencia de compromiso para con la democracia y demandas populares.


Con el mismo rasero, hay que medir también el show mediático de tres gobernadores que con recursos públicos, no faltaba más, a horcajadas en costosas cabalgaduras proponen declarar como patrimonio cultural a la llamada “cabalgata de las huastecas”, haciendo de este evento circense escenario para hacer llegar un mensaje de aliento a Felipe Calderón, sumándosele en la tarea de vencer a cualquier crisis que pueda afectar a Veracruz, San Luís Potosí y Tamaulipas. Ignorando o pretendiendo ignorar que México no requiere más de jinetes improvisados, cuando lo que demanda es cambio de cabalgadura y nuevo rumbo en el modelo de país, para medianamente enfrentar y paliar los efectos de una crisis que va más allá de lo que la ceguera de una clase política insensible percibe.


Los de a pié, hombres y mujeres comunes, sumidos en la cultura de la derrota y desesperanza que históricamente la simulación y la corrupción le han impuesto, nada les dice la cabalgata de marras ni mucho menos le contemplan como patrimonio cultural. Los únicos jinetes y sus cabalgaduras que guardan en su memoria histórica, son aquellos que pretendieran mediante una revolución inconclusa y traicionada, devolverle al pueblo voz y esperanza de un México mejor. O si acaso, la mítica figura de los llamados “charros” sindicales, señores de horca y cuchillo (y lo que queda de estos), que durante décadas jinetearan el patrimonio de los trabajadores, poniéndolo al servicio del poder autoritario del presidencialismo priísta.


Para estos, mexicanos sencillos, habla más de la crisis social y política, del estancamiento y recesión económica, el constante re etiquetar de los precios de los productos de subsistencia en el supermercado, que los pantagruélicos desayunos de diez mil jinetes beneficiarios de prebendas y tráfico de influencias. “Ya empezamos a trabajar para vencer cualquier crisis que pueda afectar a nuestras entidades", aseveró Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, sin tener la más mínima idea de que el precio del kilogramo de frijol ya ronda los 25 pesos. “Ya empezamos a trabajar...”, afirma, cuando nuestra clase política debió hacerlo desde hace tres décadas coadyuvando en el fortalecimiento del mercado interno, expansión del aparato productivo, salvaguarda de la economía familiar, y abatimiento de la desigualdad y la pobreza.


No se puede vencer a un enemigo que no se conoce o al que no se le valoran méritos, fortalezas y debilidades. La crisis ya está presente y está afectando más allá de lo que la verborrea oficial reconoce. La población lo sabe y la vive en carne propia, sin necesidad de contemplarla desde el lomo de un caballo.


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