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lunes, 17 de mayo de 2010

Yucatán, triunfo Pírrico del PRI

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En el marco de una incipiente y ya pervertida democracia representativa, todo es posible, incluso el perder ganando.

Tras divulgarse los primeros resultados obtenidos en la encuesta de salida, Beatriz Paredes 45 minutos después de cerradas las casillas, ya festinaba el triunfo de la candidata de la gobernadora de la entidad a la alcaldía de Mérida, dando por sentado que la victoria de Angélica Araujo Lara con el 52.7 por ciento de la votación por sobre el 37.3 a favor de la abanderada panista Beatriz Zavala Peniche, “era irreversible”.

Ya con actas en mano, la dirigencia estatal del PRI en rueda de prensa dio a conocer que con el cien por ciento de actas computadas su candidata a la alcaldía de Mérida, ganaba con 155 mil 367 votos, contra 141 mil 111 votos de la candidata del PAN, Beatriz Zavala Peniche. Una diferencia de apenas 14 mil 256 votos a favor de la favorita de la gobernadora.

Aceptando sin conceder que el triunfo anunciado efectivamente fuera irreversible, el priísmo después de 19 años recuperaría Mérida, “joya de la corona” y, de hecho, capital económica del sureste mexicano.

Sin embargo, no puede hacerse de lado que tal manifestación de triunfalismo anticipado, en un municipio en el que una mayoría días antes de los comicios ya otorgaba la victoria a la candidata panista, se presta a diversas lecturas y a no pocas interrogantes.

¿Realmente el PRI contó con la mejor carta para la alcaldía? ¿Los meridenses confían ciegamente en su gobernadora de extracción priísta? ¿El PRI, a nivel nacional y en Yucatán, es la mejor opción para frenar el deterioro social y económico propiciado por la administración calderonista?

Corresponderá a los meridenses reflexionar y sacar en su momento conclusiones sobre este fenómeno, aunque ya también con carácter anticipado, linealmente y sin mayor análisis muchos coinciden en atribuir el triunfo oficialmente aún no confirmado, a una “elección de estado” apoyada por el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, sus “mapaches” y recursos materiales y financieros presumiblemente proporcionados a la gobernadora Ivonne Ortega Pacheco para inclinar la balanza a favor del PRI.

A mi juicio, otros factores ajenos a la entidad, a su correlación interna de las fuerzas políticas, y a la confrontación exacerbada de escuderos al servicio de los poderosos poderes fácticos regionales, pudieran haber incidido para la vuelta de la tortilla. Entre otros, el miedo, pudiéndose atribuir el éxito electoral del PRI, en una ciudad tradicionalmente conservadora, amante de la paz, y con expectativas reales de mejoramiento de calidad de vida, al impacto sobre las clases medias del presunto plagio del ex candidato presidencial Diego Fernández de Ceballos, que exhibiera horas antes del sufragio a la administración de Felipe Calderón Hinojosa y al panismo, como incapaces de brindar seguridad a la ciudadanía, así como también incapaces de ofrecer caminos ciertos para un crecimiento económico y desarrollo compartido en un clima de concordia, y paz social. Si esto es así, podría haber pesado más la percepción coyuntural del votante frente a la urna, que 19 años de una evidente y exitosa administración panista en la capital de Yucatán.

Influencia mediática y percepción cortoplacista inducida que, a mi manera de ver las cosas, en el mediano y largo plazo no modifica en lo sustantivo convicción ideológica y pragmatismo de la sociedad meridense que, a su manera, se defiende con éxito de la crisis económica, del desempleo y de la incertidumbre social. Lo cual pone en entredicho las expectativas triunfalistas del PRI y su nueva generación de políticos ajenos a la dinámica histórica de Yucatán. Hoy por hoy, tendría que gobernar a una población predominantemente urbana, participativa, exigente pero a su vez dividida, desigual, polarizada, renuente a aceptar el discurso demagógico, la promesa fácil, la improvisación y la corrupción impune, tan propia del priísmo.

Todo un reto, que bien podría significar para el PRI el ganar Mérida hoy para perder Yucatán en el 2012. Un triunfo pírrico que las y los meridenses sabrán ubicar en su justa dimensión pero que, de ninguna manera, tal experiencia debería extrapolarse a Veracruz como algunos pretenden haciendo cuentas alegres por anticipado. Nuestra realidad y circunstancia es otra y no cabe ni se acepta más triunfalismo sin sustento.

En Yucatán la contienda se dio de manera polarizada entre el PRI y el PAN, sin mayor interferencia por parte de una oposición de centro izquierda en tanto que, en Veracruz, con mayor pluralidad, el 60 por ciento a lo más del padrón electoral tendrá que repartirse entre tres coaliciones que abarcan todo el espectro político electoral. Esta simple diferencia cuantitativa pudiera dar lugar a sorpresas no esperadas el próximo cuatro de julio. No anticipemos vísperas.

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martes, 24 de noviembre de 2009

Propone Dante Delgado nuevo método para el desarrollo de Veracruz

BOCA DEL RÍO, Ver., 23 de noviembre.- Dante Delgado propuso a la sociedad veracruzana un nuevo método de desarrollo, con un modelo de gobierno que estimule y aliente la participación ciudadana como protagonista de su propio desarrollo, a fin de lograr que Veracruz acelere su crecimiento y recupere los niveles de progreso y bienestar en los que se rezagó hace décadas.



En las instalaciones del World Trade Center y en presencia de los principales actores del partido Convergencia; como senadores, empresarios y sociedad civil, Dante Delgado Rannauro presentó su programa “Propuesta para el Desarrollo de Veracruz”, descartando que sea su plan de desarrollo como gobernador. Contando con la presencia de Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla, Delgado Rannauro sorprendió al público al respaldar su presentación con animación 3D, bajo la explicación de un personaje digital llamado “Date”.


Al término de su propuesta gubernamental, el senador fue entrevistado y negó que sea éste su plan de gobierno, su destape pues, al manifestar una y otra vez que este es simplemente un bosquejo de lo que considera debe hacer quien esté al frente del gobierno de Veracruz para impulsar el Estado, más no respondió sí este acto fue un acto oficial de destape como candidato convergente a la gubernatura de Veracruz.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Dos mundos diferentes

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Por mucho esfuerzo que se aplique, harto difícil resulta substraerse del clima de discordia y encono que de manera temprana auspicia la pedestre y hasta obscena confrontación del PRI y el PAN en Veracruz. Paradójicamente ambos partidos a su vez enfrascados en como resolver el divisionismo que, con igual carácter, se da entre sus filas.


Entre la clase política y el ejercicio periodístico que gira en torno a esta, la motivación para conformar el escenario de negros nubarrones, se circunscribe a la sucesión del Maestro Fidel Herrera Beltrán; de esta depende el obtener o conservar privilegios, prebendas y hasta una manera cómoda y rápida de enriquecerse a costa de las arcas públicas. Un todos contra todos en el que los partidos minoritarios juegan el triste papel de mirones de palo, esperando, quizá, la oportunidad de sumarse a un PAN o a un PRI que les garantice su supervivencia.


Lo curioso del asunto es que quien marca la agenda de tal confrontación, es Miguel Ángel Yunes Linares, lo mismo al interior del PAN que al interior de la administración pública estatal cuya expresión partidista, el PRI, tantito afirma que el enemigo natural de Fidel Herrera Beltrán está políticamente muerto, y tantito se muere de miedo ante la sola idea de que el actual Director General del ISSSTE sea postulado como candidato del blanquiazul a la gubernatura del estado. Y no es para menos, de lograrse la unidad al interior del PAN y el consenso se de en torno a Yunes Linares, depende que el hasta ahora delfín del gobernador, cual globo de Cantoya, se eleve o lo le corten el gas dejándolo caer.


Para la vieja guardia priísta, conocedora de la inteligencia, perversidad y perfil psicopolítico de Fidel Herrera Beltrán, está claro lo segundo. Al ahora diputado federal le cortaría de tajo la cabeza optando por el llamado “plan B”, enfrentando en su momento a Yunes Linares con un comodín a la altura de la circunstancia. Y tan pesa tal percepción de un priísmo formado en usos y costumbres de un viejo régimen que ya está de retorno, que ello ha dado lugar a un cada vez más amplio consenso en torno a la desde ahora descalificación de Duarte de Ochoa; abriéndole paso libre a un personaje con mayor formación, experiencia, empuje y capacidad para enfrentar las malas artes del neopanista; lo que ya se refleja en los medios de comunicación masiva que, al margen de los dividendos que les reditúa el inflar mediáticamente al joven delfín, piensan y actúan ya en función del futuro cercano.


La descalificación de Duarte de Ochoa, se está llevando al extremo que ya toca las fibras más sensibles del mecenas, al que públicamente se le ha colgado la etiqueta de “mentiroso y ladrón”, con la pretensión de torcerle la mano para que anticipe la caída del delfín.


Y mientras en Veracruz se teje y desteje la grilla a bacinicazos y encuestas “patito”, nubarrones oscuros ensombrecen al país en su conjunto. La alianza entre el PRI y el PAN para sacar adelante el paquete económico propuesto por Calderón Hinojosa, auspiciada por Carlos Salinas, en su calidad de “Padrino” y, el “jefe Diego” en su carácter de cabildero de los intereses del poder fáctico, es más que evidente en el Congreso de la Unión. Tan evidente, que más que hablar de un muy posible bipartidismo en México, tal alianza de intereses comunes es calificada ya por la opinión pública como un unipartidismo soez bajo las banderas del PRIAN.


Ambiente propicio para engallar a un Calderón Hinojosa, que obcecado en dar continuidad al neoliberalismo en México, presuntamente sin oposición en el Congreso al contar con la anuencia del PRI, anuncia a bombo y platillo que los trabajadores contribuirán a resolver la crisis, financiando con sus fondos de pensión y ahorro para el retiro, el rescate de de sus patrones.


Si vivieran los Constituyentes del 17, el sólo conocer tal anuncio les llevaría a la muerte súbita; lo que no sucede con una izquierda electoral ni con un charrismo sindical inerte. La lucha de clases está muerta y enterrada en México; la prioridad hoy ante la pretensión reaccionaria de Calderón Hinojosa es la pugna por el poder y el control en dos delegaciones del gobierno del Distrito Federal.


La izquierda social es otro cantar. Para esta, Calderón y el PRIAN constituyen el peligro real para México y defenderán, a su modo, pero defenderán los derechos de los trabajadores, la economía popular, y la soberanía de este país hoy vulnerada y vilipendiada desde las trincheras de la derecha. Defensa inútil en una batalla desigual, condenada de antemano al fracaso, pero al fin defensa de los más caros intereses de la Nación.


No cabe duda, el México real y el Veracruz virtual, son dos mundos conviviendo en el mismo espacio en órbitas y tiempos diferentes.

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Herrera Beltrán y la canalla

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El bajísimo nivel cultural que a diferencia de otros tiempos, priva en Veracruz, se ve reflejado en la mediocridad de una clase política que ni lava ni presta la batea. Carentes de cultura política y, a últimas fechas incluso del menor indicio de civilidad democrática, la gran mayoría de nuestros políticos destacan más por las cantidades de tinta e imagen que de estos vierten los medios de comunicación que por su talento e inteligencia.

Trastocados principios y valores, el éxito de un político se taza en riqueza acumulada y capacidades para mantenerse, de manera permanente, pegado a la ubre del erario público; hacer del cinismo y displicencia virtud para satisfacer sus insanos apetitos a partir del pillaje y la rapiña y, sin duda el destacar ante la sociedad como ciudadano ejemplar e impoluto jefe de familia. Raro es entonces el toparse con algún político cuya relevancia se sustente en su apego a la cultura, al cultivo de la ciencia o de las artes, haciéndose acompañar en el ejercicio de lo público por la honestidad intelectual y el amor al prójimo.

En medio de esta mediocridad, a lo largo de los últimos cuatro años y medio, la promoción cultural ha sido ajena a la administración pública estatal. No se necesita de mucho para darse cuenta que, de entrada, la primera asignatura en la que Fidel Herrera Beltrán al ser calificado por la historia saldría reprobado, lo sería el amor y compromiso para con la cultura y los creadores veracruzanos. La prueba más evidente es el haber desvinculado a esta trascendente actividad humana de la educación popular, incorporando el quehacer cultural a la secretaría de turismo, valorándolo como mercancía al alcance del mejor postor.

Los resultados de tal medida de “reingeniería” privatizadora son lastimosos. Ni la actividad cultural contribuye al turismo, ni este aporta nada a la cultura. Antes al contrario, contemplada esta última como vulgar acto de comercio, en su nombre se atenta contra el patrimonio histórico y cultural veracruzano, como ha quedado constatado en la zona arqueológica de El Tajín. Criterio que se simplifica con las declaraciones de los responsables de la llamada “Cumbre del Tajín en las que, sin empacho se afirma, que “...tal evento cultural y musical constituye importante impulsor de la transformación de la región del totonacapan, ya que el impacto económico y mediático ha estimulado a los pueblos veracruzanos en su economía, educación y cultura”. Nada más alejado de la verdad, los pueblos indígenas considerados como objeto inerme, permanecen excluidos, discriminados, explotados y sumidos en el abandono y la miseria. Su cultura ancestral es hoy objeto de comercio, promovido y ponderado a nivel internacional, en tanto que la actividad turística languidece atenida a un flujo estacional de visitantes de bajo nivel económico, al que le importa todo, menos el patrimonio cultural veracruzano.

Perdón. El tema al que me quería referir en este artículo era otro y en el camino me desvié. Lo que quería destacar es que entre tanta mediocridad y ausencia de cultura y honestidad intelectual, muchos de aquellos políticos que endiosaran hasta la abyección al Maestro Fidel Herrera Beltrán, haciendo del gobernador santo de su devoción y de la fidelidad religión, son ahora la canalla que con infundios, maledicencias, vituperios y chistes de mal gusto, pretende tirarle de su pedestal. “Muerto el rey, viva el rey”, es la tónica con la que los lacayos lambiscones de oficio, lo mismo cortesanos oficiales que amanuenses resentidos, vislumbran la proximidad de la entrega de estafeta, preparando el camino para uncirse a lo que viene.

No se juzga ni por asomo el quehacer y resultados de la gestión sexenal próxima a culminar, las buenas, malas, o regulares políticas públicas resultantes de una peculiar y personal manera de gobernar, o la cercanía del gobernante con el pueblo que tanto se ha ponderado. La saliva insidiosa, el veneno, se vierte sobre el ser humano, su familia y, la presunta proclividad innata al saqueo de las arcas públicas de aquel semidiós antes objeto de su ignominiosa adoración. ¡Que vergüenza!

Lo que más llama la atención es que entre esta canalla, figuren personajes de medio pelo que calificaran públicamente de “traidor” a Héctor Yunes Landa; que tienden hoy alfombras rojas al paso de Javier Duarte de Ochoa sin dudar un instante en que de fracasar este en su intento, ya habrá un nuevo semidiós ante el cual ignominiosamente mostrar las nalgas desnudas para hacerse acreedores al mendrugo que resbale de la mesa.

Esta es la “cultura política” que domina a Veracruz. A ella quería referirme. Pido disculpas por mi digresión.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Oaxaca. No confundir gimnasia con magnesia

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

El énfasis con el que los medios de comunicación masiva destacan los encabezados de algunas notas periodísticas, muchas de las veces no guarda congruencia con la información en sí pero cumplen con el propósito de atraer la atención del lector. Sin embargo, sobran ocasiones en las que los encabezados están encaminados a propiciar anticipados juicios de valor para que la información que se da a conocer se atienda con previo prejuicio.

Caso paradigmático de esto último en las últimas semanas se puede observar en tratándose del controvertido tema de “Juanito” el de Iztapalapa, que, gracias a un mal intencionado manejo mediático, ha hecho del personaje lo mismo expresión viviente de la mediocridad de la vida política nacional que motivo de escarnio para con el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. Ocultando la razón sustantiva del origen y contexto de la elección del hoy delegado electo, que se sustenta en una ley electoral recesiva, la corrupción y mala fe que priva tanto en el IFE como en Poder Judicial de la Federación, y en el hecho inobjetable de que en escasos quince días, AMLO volcara la intención del voto de los habitantes de una de las delegaciones más pobladas de la ciudad de México a favor no de “Juanito”, sino de la Sra. Brugada, enmendándole la plana al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación..

Lo mismo se está observando en el manejo que la prensa veracruzana aplica a la alianza del PRD y posiblemente Convergencia con el PAN, en el vecino estado de Oaxaca. Favoreciendo los medios al PRI y estigmatizando a la izquierda electoral, sin atender al contexto dentro del cual se da eso que se ha dado en llamar “aberración ideológica”. Para quienes no estén lo suficientemente informados, el sólo encabezado de la nota que da cuenta de las declaraciones de un dirigente del PRI en el estado, induce al prejuicio y a la aceptación tácita de que efectivamente tal alianza es una “aberración”, como si el pragmatismo que domina en la vida político electoral no fuera el común denominador. ¿O acaso el PRI no acaba de aliarse al PAN y a los verdes, para avalar la designación del nuevo procurador general de la República propuesto por Calderón?, ignorando el sentir de la opinión pública y su propio rechazo al régimen calderonista.

Sin pretender darle la razón a la sin razón cotidiana del pragmatismo de una buena parte del PRD, no podemos dejar de lado que en el caso específico de Oaxaca persiste en la mayoría de la población, sin distingo partidista, la convicción plena de que hay que echar del gobierno al PRI, representado en la entidad por Ulises Ruíz y su camarilla. Convicción puesta de manifiesto hasta el cansancio por la también mayoría de los mexicanos que por cierto, tienen también puesta la mira en el (des) gobernador de Puebla.

La pretendida alianza no es un asunto ideológico ni puede juzgársele como tal; pragmáticamente, la alianza es reflejo de una expresión de la voluntad popular en contra del sátrapa gobernante, y sujeta a la aceptación plena de un candidato único que responda a las expectativas del pueblo oaxaqueño. Bajo esta óptica, ni puede considerarse aberrante ni mucho menos como algo inaudito y generalizado que deba someterse a un sesudo análisis, como el que ya realizan algunos columnistas que en sus elucubraciones pretenden extrapolar maliciosamente el fenómeno a Veracruz.

Y digo, maliciosamente, porque no se oculta el miedo del priísmo a que en nuestra entidad pudiera construirse una alianza del PAN no con el PRD controlado desde palacio de gobierno, sino con Convergencia. No olvidemos que si en su momento esta alianza se hubiera dado de no haberla rechazado Dante Delgado, Fidel Herrera Beltrán no sería el gobernador de Veracruz.

Las circunstancias son otras. Oaxaca no puede compararse con Veracruz, ni en lo político ni en lo social. Como tampoco se puede comparar a un repudiado Ulises Ruíz con Fidel Herrera Beltrán cuyo cacicazgo es ilustrado y que es bien visto cuando menos por un tercio del electorado. La correlación de las fuerzas electorales en nuestra entidad se manifiesta en un cierto grado de equilibrio en el que dependiendo de quienes sean nominados como candidatos a la gubernatura, el voto popular lo mismo puede beneficiar al PRI en una si aberrante alianza con el partido verde, que al PAN o incluso a Convergencia.

Así que no adelantemos vísperas. En Oaxaca la última palabra la tiene su pueblo. En el Veracruz de hoy, se percibe que la última palabra la tendrán las bacinicas en una guerra sin cuartel.

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Méndez de la Luz poniendo el dedo en la llaga

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En nuestros países la resistencia vendrá del pueblo oprimido y sometido en torno a la convicción de que hay nuevas y distintas maneras de escribir la historia.

J. E. Olivera Arce (elatico.com)

Parando en seco la especulación sobre una posible alianza de Convergencia con el PRI en el camino al proceso electoral del 2010, Armando Méndez de la Luz fue enfático al pronunciarse públicamente, señalando, al margen de la amistad de muchos años con Fidel Herrera Beltrán, la inviabilidad del tal posibilidad difundida por los rumorólogos.

En política todo puede suceder, hasta las alianzas del PRI con quienes están a favor de la pena de muerte y la educación patito, o las observadas de Convergencia con el PAN. Sin embargo, también es cierto que las circunstancias que se viven en el país y en nuestra entidad, no pueden sostener lecturas lineales de un pasado ya superado. La realidad que vivimos es otra, la imagen de la profunda crisis de representatividad y credibilidad por la que atraviesan los partidos políticos, esta viva y actuante en el imaginario popular. Para el 2010 la ciudadanía no elegirá al futuro gobernador votando por un partido político en específico ni cifrará sus esperanzas en quien mayor número de despensas o pisos fieles otorguen; cada ves es mayor la convicción de los votantes potenciales en que habrán de sufragar por el candidato que mayor confianza ofrezca con respuestas claras, concretas y viables al deterioro social y económico que empobrece a las mayorías.

En las declaraciones de Méndez de la Luz, este expresa que Dante Delgado Rannauro es el candidato natural con mayores posibilidades de éxito en el 2010. Lo afirma en su calidad de dirigente estatal de Convergencia y uno de los más cercanos colaboradores de Dante. Sin embargo, más allá de sus preferencias personales y de lo que está obligado como dirigente partidista, a mi juicio lo verdaderamente relevante de sus públicas declaraciones, es que ésta poniendo el dedo en la llaga en un tema por demás urgente y prioritario. La inviabilidad de toda posibilidad de alianza con el PRI, radica en lo que hoy es sustantivo para México y para Veracruz: la diferencia conceptual entre la continuidad del neoliberalismo depredador y la convicción de la izquierda bien intencionada que pugna por un nuevo modelo de país.

El mensaje rebasa los límites estrechos de un partidismo político formal. No va dirigido a la militancia de Convergencia, PT o PRD. Más allá del interés coyuntural de típico corte electoral, Armando Méndez de la Luz se dirige a la sociedad en su conjunto, en el que se incluye a la militancia del PRI. La hora de definirse en torno al destino de este país ha llegado. Se está o no se está por el cambio de rumbo. Se está o no se está por un nuevo modelo de país. En la circunstancia política del 2010, esta definición habrá de reflejarse en las urnas.

Para la izquierda electoral en constante confrontación, el mensaje también es claro. Se está a favor o en contra de Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de un nuevo modelo de país. Se está a favor de la unidad con un programa único, consensuado a partir de las bases militantes, o se está en contra dándole continuidad a la irracional postura del canibalismo político. Se está a favor o en contra de un candidato único a la gubernatura, que aglutine a la izquierda electoral y social.

En la democracia representativa, entendida esta a la mexicana, todo triunfo electoral se sustenta en el dictado del sufragio. Se gana o se pierde, así sea por un voto. Imponiéndose la artificiosa legalidad por sobre la legitimidad, pero así son las reglas del juego y a ellas hay que atenerse. El PRI y sus espurias alianzas, con todo el peso de la administración pública estatal a su servicio, puede ganar, no duda cabe, así sea postulando una marioneta y agitando su discurso de siempre. Pero sería lastimoso el que la izquierda volviera a ser derrotada por la propia izquierda. De ahí la relevancia del mensaje de Méndez de la Luz; la izquierda electoral y la izquierda social, esta última sin distingo partidista de hombres y mujeres de buena voluntad, aglutinada en torno a un programa mínimo consensuado en la base y a un candidato único que se comprometa con la lucha por el cambio de modelo de país, pueden dar la sorpresa en Veracruz. A ello hay que apostarle.

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viernes, 4 de septiembre de 2009

Veracruz. Frente a la crisis perder el tiempo es pasatiempo

El tiempo sigue inexorablemente su marcha. Las crisis concurrentes derivadas de la debacle económica y social del país no se detienen. Antes al contrario, se profundizan mientras en Veracruz el tiempo no cuenta, la crisis menos. Lo relevante es inventar candidatos, especular en torno a dimes y diretes, regocijarse por la paja en el ojo ajeno, haciendo de la polémica estéril, fuente inagotable de estulticia política ayuna de propuestas racionales que con visión y compromiso contribuyan a paliar el descalabro.

Si no es el tema inagotable de la bursatilización, mejor conocida por los que saben, como deuda, es el presupuesto del Instituto Electoral Veracruzano, o si le rebajan nominalmente el salario a los servidores públicos de primero o segundo nivel. Lo relevante es polemizar y, si es en los medios de comunicación, mejor, para dar públicamente la apariencia de que la inmovilidad y triunfalismo sin sustento de la administración pública es mito infundado.

En este permanente escenario en el que el perder el tiempo es pasatiempo, una nueva polémica preocupa y ocupa lo mismo a la alta burocracia que a sesudos politólogos: ¿Sirven o no sirven de algo las delegaciones del gobierno federal en la entidad? ¿Deben desaparecer?

Naturalmente los dimes y diretes lo mismo tíñanse del color rojo fidelidad que del azul celeste que tanto escozor provoca en la administración fidelista. Ello enmarcado en una “patriótica” concepción de un federalismo venido a menos, así como al mismo tiempo deleznable competencia por ver quien se beneficia del voto popular en las elecciones del año venidero.

Para el joven delfín el hilo negro es novedoso: “Vivimos aún en un régimen presidencialista”. La última palabra la tiene el titular del ejecutivo federal, pero ya se encargará la diputación veracruzana de modificar históricas reglas del juego que hacen de las delegaciones federales onerosa carga para una hacienda pública quebrada que se niega a compartir lo poco que le queda.

Para otros, el tal presidencialismo es cosa del pasado. Con el PRI fuera de Los Pinos el presidencialismo se tornó entelequia. Vivimos un proceso de feudalización en el que los gobernadores cual señores de horca y cuchillo definen el rumbo del país. No es tanta la preocupación de los nuevos señores feudales lo que en pesos y centavos representa el mantener las tales delegaciones del gobierno federal; cuenta más el papel lo mismo de vigilantes del manejo de las aportaciones federales a las haciendas locales que el de operadores políticos trabajando para inclinar la balanza electoral a favor del desgobierno panista.

Lo importante es polemizar. Pero todos se niegan a reconocer que en tanto el cordón umbilical que mantiene el nexo indisoluble entre el presidencialismo venido a menos y la presunta autonomía de los señores feudales, siga siendo la hacienda pública federal. Todo intento de “balcanizar” a un Veracruz que todo lo tiene, que todo lo puede pero que en términos de finanzas públicas depende y vive en más de un 90% de la federación, tan estéril es el intento como la polémica desatada. Las delegaciones federales, representantes localmente del gobierno federal, son intocables.

Se habla de dualidad de funciones. Más ardor debería causar la viga en el ojo propio que la paja en el ajeno. Si de reducir dispendios onerosos en la hacienda pública se trata, lo que cabría es una revisión a fondo de las dependencias diversas del gobierno estatal y las correspondientes a los gobiernos municipales. Desorden y despilfarro en ambos órdenes de gobierno son más que evidentes. Están a la vista de todos y los ciudadanos son los primeros en descalificar el gasto superfluo en que se incurre, así como lo que, al margen de la legalidad va a parar a los bolsillos de corruptos servidores públicos, cuyo pronto enriquecimiento es objeto de obscena ostentación.

Sobre esto último no se da la polémica. Todo marcha bien, en tanto el poder salpique, aunque las respuestas a la crisis sigan el mismo tenor de pasar el tiempo entre dimes y diretes.

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viernes, 28 de agosto de 2009

Partidos políticos. La prueba del ácido

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

En la democracia representativa la prueba del ácido para los partidos políticos son los procesos electorales. El sufragio ciudadano determina el ser o no ser de todo partido político. El proceso electoral del pasado cinco de julio, con un abstencionismo de un poco más del 60 por ciento, puso de manifiesto que en términos prácticos, ninguno de los ocho partidos nacionales paso la prueba. La ausencia de representatividad, credibilidad y congruencia del sistema de partidos políticos en México es más que evidente. Habiendo dejado de responder a las necesidades de participación política y representatividad electoral de la enorme mayoría de los mexicanos en edad de votar, estos, en una escala de 0 a 10 calificaron con 4 al conjunto del sistema de partidos, arrastrando consigo a una legislación electoral federal inoperante.


Hoy asistimos al funeral legal del Partido Social Demócrata que no alcanzando el mínimo de votos que le asegurara su supervivencia, no pasó la prueba de aceptación por parte de la voluntad popular. A partir de esta descalificación, surge con ello la pregunta obligada: ¿Cual sigue? ¿Cuándo tendrán lugar las próximas exequias partidistas frente a la profunda crisis de un sistema nacional de partidos políticos que avanzando a pasos acelerados hacia un nefasto bipartidismo, refleja su incapacidad para afrontar los retos de un país en quiebra técnica?


El próximo examen a nivel federal habrá de aplicarse en el 2012, con la elección presidencial y la renovación del Congreso de la Unión. De continuar la actual tendencia del electorado, con el agravante de la percepción mayoritaria de que los tres órdenes de gobierno manifiestan su incapacidad para frenar el deterioro de la vida económica y social del país, la calificación podría ser aún más baja que la obtenida en el presente año.


Pensando un poco a la antigüita, y bajo la óptica de un análisis simplista, podríamos estar de acuerdo con quienes afirman que no todas las elecciones son iguales, diferenciando a las llamadas intermedias de la sustantiva de cada seis años con una también desigual tendencia de participación y abstencionismo. Sin embargo, en las actuales condiciones que se viven en México, lo que echa por tierra tal tesis es que de aquí para adelante lo que determinará el resultado de todo proceso electoral, será la circunstancia económica y social que prive en el momento de la elección; arrastrando consigo a un sistema de partidos políticos cuya crisis aún no toca fondo y que, por lo consiguiente, no afronta el reto de actualizarse poniéndose a tono con una ciudadanía que le ha rebasado.


Fuera de la ciudad de México, todo es Cuautitlan, reza la vieja conseja con la que al mismo tiempo que los “capitalinos” menospreciaban a “la provincia” se descalificaba a la ingente necesidad de revertir el centralismo mediante un movimiento renovador que planteaba el caminar de la periferia al centro. Hoy parece que sigue privando tal añeja conseja. La vida política, económica y social se concentra en el Distrito Federal y zonas conurbadas aledañas de las entidades federativas que comparten espacios con la gran urbe. El resto del país, no obstante la tendencia a la feudalización regional y hacer pesar a los gobernadores en la toma de decisiones, el centralismo y el desdén por “la provincia”, se mantiene incólume. El trato de la prensa nacional para con las entidades federativas y las consecuencias sobre las finanzas públicas estatales y municipales como resultado del pésimo desempeño del gobierno federal, lo confirman.


Tal fenómeno no solamente se refleja, también se repite en el sistema nacional de partidos políticos. Los gobernadores podrán, pesar, influir y ser factor determinante en sus respectivas entidades federativas de la vida misma de los partidos políticos nacionales en los que a su jurisdicción compete. No obstante, las decisiones sustantivas recaen en el ámbito centralizado de las dirigencias nacionales que, entre otras cosas, administran lo mismo el reacomodo de la correlación de fuerzas en juego que los intereses de los poderes fácticos, poder real del país en su conjunto. Todo esto tiene como corolario el que en la vida interna de los partidos políticos la posibilidad de renovación y democratización resulte inviable. A más de que en una acción suicida se da la contradicción en la que los intereses partidistas del centro se confrontan con los que legítimamente respondan a la correlación de fuerzas e intereses fácticos de “provincia”. Existiendo ya de hecho una fragmentación en la que cada partido político está dividido en tantas partes como entidades federativas, incluido el D.F., coexisten en la vida republicana de México. Así, la unidad nacional de cada uno de los partidos sobrevivientes, resulta ser una entelequia.


Conforme tal contradicción se profundice con las exigencias de los gobernadores de una mas equitativa distribución de la hacienda pública federal y un mayor poder de decisión en materia de políticas públicas a nivel local, confrontando a las dirigencias nacionales con el gobierno federal, la fragmentación partidista será mayor y con un mayor grado de conflictividad, en el seno de una sociedad también dividida conforme la desigualdad y la pobreza reviven a la presuntamente muerta lucha de clases.


El tiempo avanza sin respuestas claras y contundentes a la crisis del sistema de partidos y, en Veracruz, se nos echó encima. La elección del 2010 se dará en tal escenario y no es extraño el escuchar comentar al ciudadano común, que en esta ocasión se reprobará una vez más a los partidos políticos, sometiéndoles a la prueba del ácido y que, de sufragar, será a favor o en contra de aquellos personajes que merezcan mayor o menor confianza para el electorado, independientemente del color de la camiseta que ostenten o del calor que reciban del gobernador del estado.

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martes, 25 de agosto de 2009

Marcelo Ramírez y su propuesta de rescate de los partidos políticos

En Perspectiva

J. Enrique Olivera Arce

Leí con interés el artículo titulado “Los partidos políticos: ¿Volver a los orígenes?, del Maestro Marcelo Ramírez Ramírez, publicado en el Portal de Internet “entornopolitico.com”, del periodista Quirino Moreno Quiza, en el que hace una breve semblanza del estado actual que guarda el sistema de partidos políticos en México. Tratándose de un artículo periodístico y por tanto sujeto a un espacio limitado, a mi juicio mi buen amigo Marcelo se queda corto en su análisis. Lo que se está viviendo al interior de los partidos, con su pérdida de identidad, credibilidad y representatividad democrática, es apenas un pálido reflejo de una profunda crisis del sistema económico y político nacional.


Aunque Marcelo Ramírez concentra su atención al PRI, PAN y PRD, partidos mayoritarios, el resto, de menor presencia y peso específico en la correlación de fuerzas, viven también, guardadas las proporciones del caso, la pérdida del impulso ideológico, y programático que les dieran origen. Ninguno se salva de la pérdida de rumbo frente a las inéditas condiciones de deterioro que acusa el Estado Mexicano. Ninguno responde ya a la tan necesaria como urgente necesidad de cambios profundos en las estructuras económicas, sociales y políticas que demanda un país al que ya se califica como fallido.


Marcelo Ramírez afirma que: “En México, los partidos políticos atraviesan, según todas las evidencias, una etapa de crisis que impone un nuevo comienzo. Las causas de la desviación de la ruta predeterminada son, desde luego, diferentes en cada uno de los tres partidos grandes a los que aquí nos referimos: el PRI, el PAN y el PRD; por tanto, las respuestas serán también diferentes, existiendo un solo factor común: en los tres casos volver al origen significa para ellos replantear los propósitos históricos que les dieron vida, pero actualizados para funcionar en el contexto de las realidades del mundo globalizado”.


Preguntándose el autor si los partidos podrán reafirmar su identidad extraviada, cuando ello supone, entre otras cosas, recuperar un discurso distintivo del que deriven planteamientos concretos para encarar los problemas nacionales.


Marcelo, idealista irredento y priísta de cepa, se formula tal interrogante ante “... lo evidente del modelo económico que hasta el momento han sido absolutamente ineficaz para revertir los efectos de la crisis, sustentando que mientras el modelo económico neoliberal es enjuiciado y corregido en los países donde originalmente fue adoptado y promovido, en México el panismo cada día menos humanista y más pragmático, sigue fiel al recetario del FMI y a las consignas del Consenso de Washington”.


Confundiendo, en esto último, la ineficacia sistémica del capitalismo para resolver sus propias contradicciones, con las políticas públicas coyunturales emanadas del gobierno federal panista y las limitaciones de un presidente de la República acotado por su propia pequeñez y ausencia de visión de Estado. El panismo ni es más neoliberal ni menos humanista que el resto de los partidos que conforman el espectro político de México.


En todo caso, el PAN en congruencia con sus orígenes y objetivos, representa a lo más rancio de la derecha ultra conservadora de siempre en la vida política nacional y así se manifiesta en el ejercicio del poder presidencial.


Lo determinante en última instancia es el papel que cada partido asume frente a la combinación de la crisis sistémica global y la no por añeja menos perjudicial que a lo largo de más de cinco lustros, se ha enseñoreado en el México neoliberal que a partir de los últimos gobiernos priístas rompiera con el hilo conductor del nacionalismo revolucionario emanado de la Revolución Mexicana.


El modelo neoliberal, bajo esta óptica, no es patrimonio de ninguno de los partidos políticos nacionales. Ni siquiera del gobierno federal o de los feudos regionales ahora bajo el control de los gobernadores. Está ya enraizado sistémicamente en la sociedad nacional en su conjunto, lo mismo en los sectores más desarrollados de la economía capitalista que en aquellos más atrasados y excluidos de la modernidad. Reflejándose ello en la esencia misma del sistema de partidos políticos que como entidades públicas sostiene el contribuyente. La ideología neoliberal, sus pragmáticas recetas y su instrumentación en la vida económica, política, cultural y social de México, iguala como catalizador a las diversas expresiones del espectro político nacional.


Para diferenciar a los partidos políticos, en primera y última instancia, el problema no radica en sus orígenes ni en el voluntarismo que se pueda dar para rescatar estos, adecuándolos a las nuevas realidades del mundo globalizado. Lo que cuenta es la disposición de cada uno de ellos para romper hoy con el modelo neoliberal que nos ata a los designios de nuestros vecinos del norte y a una oligarquía criolla que oferta al país y su soberanía en una constante venta de garage. Lo que debería esperarse de los partidos políticos en México es su propuesta y compromiso de un cambio radical de modelo de país, fortaleciendo al Estado mexicano frente a los embates de inoperantes leyes del mercado que nos hacen dependientes del exterior, respondiendo a la crisis sistémica global con políticas públicas que concurran a la generación y distribución de riqueza con sentido de equidad y defensa de la soberanía nacional. Ninguno de los partidos nacionales se encuentra en tal tesitura.


De ahí la crisis del sistema de partidos en México. Aferrado a un modelo caduco, agotado y fracasado, este se debate en una permanente contradicción con lo que de los partidos políticos espera una sociedad que para salir del estancamiento económico y el deterioro social concomitante, requiere de nuevos horizontes. En ello estriba su ausencia actual de rumbo y destino, pérdida de identidad y de credibilidad, así como ante su incapacidad para afrontar las nuevas realidades, los partidos políticos se enfrascan en bizantinas batallas al interior de sus respectivas estructuras, disputándose el poder por el poder mismo, así como el privilegio de administrar corrupción e impunidad.


Volver al origen histórico como respuesta a su crisis actual, como plantea Marcelo Ramírez, es, a mi juicio, un anacronismo, un desear volver al pasado. Retornar a un México que ya no existe. Los orígenes partidistas ya no se corresponden con el México del presente ni con las necesidades reales y sentidas de una sociedad cada vez más plural, más informada, más participativa y al mismo tiempo más individualista, como tampoco con las expectativas futuras de la Nación. Los partidos actuales están caducos. Su concepción como tales está rebasada por la realidad presente y, por tanto, sometidos a ser cada vez más inoperantes como intermediarios en el permanente conflicto entre las clases dominantes y las subordinadas y como interlocutores de la sociedad frente al Estado.


Más que volver a sus orígenes históricos ideológicos y programáticos, lo que cabe es retornar al seno de la sociedad bajo cuya soberanía los partidos existentes cobraran vida. Será esta la que en última instancia asuma el dictado de la orientación ideológica, programa y principios estatutarios de los partidos que en el futuro habrán de garantizarle al ciudadano su participación ordenada, democrática y consecuente en la búsqueda de nuevos y más amplios derroteros. En tanto esto último no se de, valores tales como la ética política, la solidaridad y la moral partidista, seguirán siendo figuras retóricas en el manido discurso de una presunta renovación de la vida política nacional. Mientras la crisis sistémica global y sus nefastas consecuencias, sigue impertérrita orillando al país al desastre.

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domingo, 16 de agosto de 2009

Veracruz. ¿Principio del fin de Fidelidad?

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Hasta hace unas semanas el proyecto transexenal del gobernador Herrera Beltrán, mejor conocido como “Fidelidad”, sin adjetivos, se daba mediáticamente como exitoso. Con los resultados de la elección del pasado cinco de julio en los que el PRI triunfara en 18 de los 21 Distritos Electorales federales, el priísmo veracruzano lanzó las campanas al vuelo. Propalando que el éxito obtenido en las urnas confirmaba la fortaleza y aceptación ciudadana del gobernante, un mejor posicionamiento de este en la búsqueda de la presidencia de la República, y tener mano para imponer a su sucesor. Sentándose con ello las bases para que el proyecto fiel tuviera continuidad en la próxima administración pública veracruzana.

Al día de hoy la presunción del priísmo fiel no parece tener sustento. El optimismo que animara al proyecto transexenal de la “Fidelidad” se ve ensombrecido por aciagas circunstancias que operan en contrario. Las dos últimas declaraciones del Maestro Fidel Herrera Beltrán sobre la situación que guardan las finanzas públicas de la entidad, no son nada alentadoras. Un sinnúmero de obras iniciadas o proyectadas no podrán concluirse en el presente sexenio por falta de disponibilidad financiera. Para paliar tal escasez de recursos el gobernador ha solicitado al Congreso local autorización para colocar en la Bolsa Mexicana de Valores emisiones bursátiles por 6 mil 800 millones de pesos, a un plazo de 15 años, respaldados por las participaciones federales que anualmente recibe Veracruz.

Lo que para el buen entendedor significa que las finanzas públicas actualmente son deficitarias. No hubo el tan cacareado blindaje ni lo proyectado en materia de obra pública respondió a un plan racionalmente jerarquizado y congruente con las más que anunciadas consecuencias del errático e inadecuado manejo de las finanzas públicas federales frente a la crisis global. Como tampoco se quiso aceptar por parte del gobierno de la fidelidad que si le va a mal al gobierno calderonista nos va mal a todos, en tanto la hacienda estatal depende de la federal.

Lo mismo podría decirse de la estrategia de combatir los efectos del modelo neoliberal arrojando más gasolina al fuego. Apostarle a la bolsa de valores es tanto como insistir en seguir uncidos a la crisis financiera y sus nocivos efectos. Bursatilizar, aquí y en China, es contraer deuda, debiendo pagar esta y los servicios financieros que genera. Corriéndose el riesgo de que los bonos bursátiles queden en manos poco escrupulosas, a más de que se pignora a futuro la hacienda pública veracruzana, en perjuicio de las administraciones venideras.

Sea que se acepte o no el nuevo y multimillonario endeudamiento por el Congreso local, una cosa queda clara: lo que empezara con sin igual optimismo y triunfalismo, terminará en el 2010 como estrategia fallida. El voluntarismo y pensamiento único como rector del rojo proyecto transexenal de la Fidelidad por Veracruz, se observa trunco, empantanado y carente de respaldo popular. Para nadie es aceptable que una administración pública entregue a la siguiente arcas vacías y obligaciones de pago de deuda, que mermarán la ya de si volátil disponibilidad de recursos para que el nuevo gobierno cumpla a cabalidad con el encargo constitucional.

Y por si fuera poco, bajo el supuesto de que el proyecto transexenal contempla que quien quede al frente del poder ejecutivo estatal a finales del 2010, dará continuidad al proyecto fidelista apechugando sin hacer osos el quedar financiera y socialmente atado de manos para responderle a los veracruzanos, políticamente las cosas no están a saliendo del todo acorde con lo previsto. Javier Duarte de Ochoa, presunto delfín, a la fecha no se le ven tamaños para aspirar a gobernar a Veracruz; no crece ante la opinión pública y la promoción de su imagen y discurso es ostensible y artificialmente mediática. Obligado por las circunstancias más que ofertarse de cara a la sociedad se enfrenta al interior del PRI estatal a adversarios de mayor peso, experiencia y presencia, en un clima de confrontación entre la vieja guardia del tricolor y el arribismo de un puñado de jóvenes que no ven más allá de la oportunidad de enriquecerse a la sombra de la Fidelidad.

La situación no está nada fácil para el Maestro Fidel Herrera Beltrán y su proyecto transexenal. En los próximos meses tendrá que enfrentar la disyuntiva: Concentrarse en poner a salvo financieramente a su administración para arribar al final con buenas cuentas, o concentrarse en hacer triunfar, al precio que sea, al sucesor designado.

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viernes, 14 de agosto de 2009

Veracruz. No es hora de cantar victoria

Pulso crítico

J. Enrique Olivera Arce

Entre tanta noticia desalentadora sobre la marcha de la economía de México frente a la crisis global, en Veracruz se recibió como un respiro de aire fresco la información que divulgara el INEGI sobre el desempeño de las actividades económica de la entidad en el período 2003-2007. Tanto oxígeno que puede marearnos.

De acuerdo con el reporte de del Sistema de Cuentas Nacionales de México, en las que se presentan las cifras del Producto Interno Bruto (PIB) por entidad federativa, se destaca que el desempeño económico de Veracruz en el período citado fue muy bueno. En promedio, la tasa de crecimiento real del PIB registrada es de 5.4 por ciento, es decir, mayor que el promedio nacional y 10 veces más que la estimada para el crecimiento anual de la población en la Entidad, lo cual se traduce en un consistente incremento en el PIB per capita.

En 2007 el valor total de la producción de la Entidad registró un crecimiento real, es decir, descontada la inflación de 4.2 por ciento, un punto porcentual por arriba del nacional. Un hecho interesante es que en 2007 el sector productivo que más contribuyó al PIB veracruzano fue el de las “Industrias manufactureras”, el cual aportó 15.5 por ciento del total de la producción en la Entidad. A éste le siguieron “Comercio”, y “Servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles e intangibles”, ambos con 14 por ciento, y en el cuarto lugar “Construcción”, con 9.1 por ciento, aportando en el período estas cuatro actividades un poco más de la mitad de la producción de bienes y servicios de la Entidad. (La Jornada Veracruz 13/08/09).

Con dicha información, en términos generales podría afirmarse que no estaba del todo disparatada la idea de que hasta finales del 2007 Veracruz marchaba por buen camino, bajo la conducción del Gobernador Herrera Beltrán y, sobre todo, por el esfuerzo concentrado de los actores económicos, empresarios y trabajadores urbanos y rurales, que con ideas emprendedoras, tesón e imaginación contribuyeran a la buena marcha de la economía veracruzana.

Hasta ahí, la información del INEGI es alentadora. No obstante, no debería ser motivo ni de una manifestación más de triunfalismo gubernamental ni mucho menos para echar las campanas al vuelo llamando a bajar la guardia. Si para finales del 2007 la situación se consideraba bonancible para la economía estatal, también se dieron las primeras señales de los barruntos de negros nubarrones que ya amenazaban con transformarse en los próximos meses en lo que ya se ha dado en denominar “tormenta perfecta”. La combinación del derrumbe financiero mundial, la recesión económica internacional y la implantación de políticas comerciales proteccionistas en los países más desarrollados del orbe a partir de los primeros meses del 2008, fueron configurando lo que se reconoce como “crisis sistémica global”, fenómeno que ha cimbrado al capitalismo en su fase neoliberal hasta los cimientos mismos del sistema.

De ahí que en el período 2008-2009 nos encontremos en un nuevo e inédito escenario nacional e internacional en el que la situación prevaleciente no puede calificarse aún como optimista para la buena marcha de la economía de México y, por lo que a nosotros toca, la veracruzana. Sobre todo si tomamos en consideración el crecimiento y desarrollo desigual entre regiones y lo focalizado de los bolsones exitosos de los cuatro rubros que para el período 2003-2007 soportaran el crecimiento del PIB estatal, que hoy por hoy se presume sean deficitarios a decir de los propios agentes económicos. A lo que habría que agregar la pérdida de mercados en el exterior para la industria maquiladora y producción agropecuaria, la reducción de remesas provenientes de los connacionales en el extranjero así como el anunciado déficit de las finanzas públicas en los tres órdenes de gobierno. La crisis está repercutiendo en las tareas de impulso al crecimiento económico, empleo y capacidad real de compra de la población en el mercado interno, con el consiguiente desequilibrio entre oferta y demanda de bienes y servicios.

Entre paréntesis, vale la pena señalar que finanzas públicas y actividades productivas a cargo del sector privado son dos temas que deben diferenciarse. Paradójicamente en las actuales condiciones para que crezcan las primeras deben castigarse fiscalmente a las segundas, siendo por tanto diferenciado el impacto de la crisis.

No estando el horno para bollos, se debería ser cauto en la celebración de lo anunciado por el INEGI. No se ha tocado fondo frente a la crisis y lo peor está por venir. Por más que se insista en que desde el Congreso de la Unión la diputación veracruzana presionará para modificar las políticas económicas de la administración federal calderonista, lo obvio está a la vista: No hay dinero suficiente ni lo habrá en el 2010, para mantener el flujo de recursos necesarios para sostener el ritmo deseable de impulso al crecimiento y desarrollo de las entidades federativas. Si bien nos va, se sostendrán los programas asistencialistas federales destinados a paliativos que frenen el amenazante clima de estallidos sociales. Pero lo más grave es que tampoco existe voluntad política para modificar el rumbo, avanzando hacia un nuevo modelo de país.

Así que lo que procede lo mismo para la administración pública que para los sectores social y privado, es apretarse el cinturón. Priorizar el destino de los recursos disponibles sometiéndoles a un severo y jerarquizado orden de atención a lo más urgente, dejando de lado el nocivo triunfalismo, la ostentación de lo superfluo y el deporte electorero que todo contamina.

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